La alerta la están levantando ambientalistas que, como cualquier ciudadano, ven diariamente cómo las calles se llenan de tapabocas, guantes y bolsas, elementos que se convirtieron de primera necesidad para toda la población, pero que generan toneladas de basura.

De esta manera, la caída en emisiones de carbón y el regreso de animales a sus ecosistemas se vería amenazada con el evidente retorno del plástico a la vida de las personas, que ya es evidente y está documentado en diferentes países.

Según HuffPost Francia, en ese país el uso de plástico creció un 30 % desde que apareció el coronavirus, un incremento que, según Emmanuel Guichard, gerente general de Elispo, la federación profesional del sector del embalaje de plástico, se debe a que “los proveedores han tenido que dejar de vender en restaurantes y servir a los consumidores domésticos”.

El mismo medio, pero en su edición estadounidense, recuerda que en el Reino Unido se suspendió el impuesto de 5 centavos a las bolsas de un único uso, y que en California, Estados Unidos, esta medida está en pausa pro 60 días.

“La industria del plástico realmente ha tratado la emergencia COVID-19 como una oportunidad y está aprovechando el miedo de la gente para asustarlos y hacerles creer que el plástico de un solo uso es la mejor manera de mantenerse a salvo. Y hasta ahora, no hay ninguna investigación científica independiente que respalde eso”, dijo John Hocevar, director de la campaña de los océanos de Greenpeace a Vox, sobre la creciente preocupación por el futuro del planeta.

A la problemática que genera el uso de empaques plásticos se suma el de los desechos de tapabocas y guantes, ninguno biodegradable o reciclable, regulados en el mundo hospitalario, pero no entre la población general.

La última ‘perla’ que se registró fueron tapabocas en el mar en la Costa Azul de Francia, una evidencia innegable del preocupante impacto que podría tener el COVID-19 en el medio ambiente.