Como explicó la revista GQ, dicha técnica consiste en mezclar comida y sexo. Se considera una práctica fetichista, pero esto no es un impedimento para darles rienda suelta a la imaginación y a las muchas sensaciones que puede provocar hacerla.

La idea es usar alimentos que les guste a los implicados en el acto y esparcirlos sutilmente por su cuerpo para luego ser retirados con la boca. Quien los retira disfrutará del sabor y la reacción del otro, mientras que quien recibe la caricia estará descubriendo nuevas terminales nerviosas.

El ‘sploshing’ se usa desde hace mucho tiempo. Incluso, los griegos y romanos lo practicaban en sus orgías; jugaban no solo con el sentido del gusto sino con el tacto y con lo que la textura de los alimentos podría provocar sobre el cuerpo del otro.

La mejor forma de empezar con esto sin causar muchos estragos es con un poco de chocolate, crema de chantillí, miel, algunas frutas, helado, hielo o vino; las temperaturas de cada cosa también ayudarán a que todo sea más divertido.

Lo más importante de esto no es enfocarse en lo ‘sucio’ que les pueda parecer, sino en el sentir. Además, es fundamental recordar que es un acto aún más íntimo que el contacto sexual, por lo que se necesita de paciencia y entrega. Seguramente, el proceso hará que la pareja arda de pasión.