Enclavado en el corazón del Quindío, Pijao es un municipio conocido por su tranquilidad y belleza, pero también por ser cuna de inspiradores personajes como José Hernández, pintor, escritor y formador artístico. En este entorno apartado de las preocupaciones cotidianas, Hernández ha logrado consolidar un taller que trasciende el oficio de la pintura para convertirse en un espacio de encuentro, reflexión y creación colectiva. El taller Soy Pijao, fundado y dirigido por él, es mucho más que un lugar para producir arte: es un punto de resistencia cultural y de educación artística en una comunidad marcada por las carencias y olvido institucional.
La historia de José Hernández es la de una búsqueda permanente. Proveniente de La Playita, uno de los sectores más vulnerables de Pijao, vivió desde niño la necesidad y la migración. A los 12 años viajó a Venezuela, donde tuvo su primer contacto serio con la pintura gracias a la guía de su hermano y el influjo de artistas como Quispe y, posteriormente, Jimmy Soto. Fue este último quien le inculcó la ética del arte, un compromiso que rechaza la comercialización vacía y prioriza el sentido social del acto creativo. Así, Hernández entendió la pintura no solo como destreza técnica, sino como camino de vida y crítica política.
El Boulevard de los Pintores, en Mérida, fue un escenario clave para su formación, pues allí artistas y admiradores se reunían a dialogar y experimentar en una atmósfera de libertad. Sin acceder a una titulación universitaria formal, Hernández se formó de manera autodidacta y con cursos en grabado, serigrafía, fotoscreen y otras técnicas, destacando siempre por su alrededor activo y reflexivo.
Con más de treinta años de trabajo y más de medio centenar de exposiciones internacionales a cuestas, Hernández reconoce que vive de la venta de obras comerciales —paisajes y retratos— pero su verdadera pasión es el arte contestatario. En sus palabras, no busca simplemente temas agradables, sino “cuestionar e incomodar”; sus cuadros abordan problemáticas sociales, políticas y humanas, tocando asuntos como la violencia, la memoria y el erotismo, siempre desde una postura crítica hacia la realidad nacional.
Su taller cumple también la función de escuela artística y espacio comunitario, donde niños y jóvenes reciben formación gratuita. Hernández considera que el arte no debe ser un privilegio y, por ello, destina las ganancias de su trabajo comercial para sostener las clases sin costo. "Muchos niños no tienen ni colores, pero sí talento. Yo vendo mi pintura y con eso comparto", afirma, convencido de que el arte puede transformar vidas cuando se ofrece sin barreras.
No obstante ese compromiso, Hernández observa con preocupación el abandono de la cultura en Pijao. Según su opinión, las instituciones como la Casa de la Cultura han perdido su función original, convirtiéndose en simples centros de festejos, sin espacio para la exposición artística o la promoción del pensamiento crítico. Esta situación ha reforzado su decisión de permanecer en el municipio, a pesar de haber viajado y expuesto en muchos países, para sembrar semillas de conciencia a través del arte.
Mirando hacia el futuro, Hernández planea nuevas exposiciones en Ecuador y Perú, así como la continuidad de su labor diaria como pintor y educador, apostando por una vida dedicada a crear, compartir y resistir desde su pequeño rincón del Quindío.
¿Por qué el arte contestatario resulta vital en contextos sociales como el colombiano?
La pregunta sobre el valor del arte contestatario surge de la propia experiencia de José Hernández, quien concibe su trabajo como una herramienta de cuestionamiento y visibilización. En países marcados por conflictos y desigualdades, el arte que incomoda puede abrir espacios de diálogo y reflexión, contribuyendo a la construcción de conciencia social y política.
La importancia de este tipo de arte se conecta con la ausencia de espacios culturales institucionales, como denuncia Hernández respecto a Pijao. En tales contextos, el arte deja de ser solo una expresión estética y se transforma en un acto de resistencia y formación crítica, capaz de enriquecer el tejido social y motivar procesos de cambio.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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