En vista de las más de 180.000 muertes en Estados Unidos por causa del coronavirus, las autoridades sanitarias decidieron acelerar el proceso y por ello es que, según The New York Times, la vacuna podría comenzar a ser aplicada dentro de casi 2 meses o a principios de noviembre.

En la actualidad, según la Universidad Johns Hopkins, EE. UU. reporta 6.088.187 infectados de COVID-19 desde que comenzó la pandemia y por ello se hace prioritario tener una vacuna cuanto antes, para controlar una enfermedad con muchas posibilidades de seguir haciendo estragos en la población de 330 millones de habitantes, de acuerdo con estadísticas de Worldometer.

En días pasados, Stephen Hahn, comisionado de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) de EE. UU. aseguró, citado por la cadena CNBC, que la agencia emitirá la autorización de la vacuna para combatir el COVID-19.

El ‘Times’ señala que los expertos en salud pública estadounidenses hacen un llamado a las autoridades de todos los estados a prepararse para un “vasto y complejo esfuerzo de vacunar a millones de estadounidenses” antes del día de elecciones, el 3 de noviembre.

No obstante, para algunos actores de la sociedad, esta carrera por sacar la vacuna cuanto antes obedece más a una motivación política que de salud pública, como cita el diario neoyorquino, en boca de Saskia Popescu, epidemióloga del estado de Arizona.

“Este plazo para el despliegue inicial de finales de octubre es en extremo preocupante por la politización de la salud pública y los riesgos potenciales que ello representa”, señaló la experta, que subrayó: “Es difícil no ver esto como una vacuna preelectoral”.

A mediados de agosto, Rusia anunció la vacuna Sputnik V contra el COVID-19, la primera creada en el mundo, aunque con dudas sobre su efectividad por parte de críticos como la OMS, las farmacéuticas y, por supuesto, Donald Trump, que quería ser el primero en lanzar un antídoto contra el coronavirus.