Por: DIARIO DEL PEREIRA

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Este artículo fue curado por pulzo   Jul 17, 2026 - 5:39 am
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Claudia Carmenza Gómez es una figura clave en la recuperación de la memoria ancestral del departamento de Risaralda por medio del arte. Con una vida dedicada a la pedagogía y las artes plásticas, esta maestra ha convertido su taller en un lugar donde se rescatan conocimientos milenarios. Su experiencia abarca la docencia en instituciones privadas y en la Universidad Tecnológica de Pereira, en la Facultad de Pedagogía Infantil, donde ha enseñado a futuras educadoras el valor del arte como herramienta pedagógica. De acuerdo con lo expresado en ‘El Diario’, Gómez se especializa en cerámica, escultura y pintura, labores que conjuga con el propósito de reconectar a las comunidades, especialmente en La Florida, con la herencia de la cultura Quimbaya.

El trabajo de Gómez trasciende el arte; es también terapéutico y educativo, buscando que tanto niños como adultos redescubran su identidad en materiales como la arcilla roja y el barro negro, insumos tradicionales. Ella ha sabido equilibrar la creatividad y la docencia, pues, como afirma, el arte siempre fue su pasión paralela a la enseñanza: “Ambas actividades fueron paralelas, porque yo me gradué de la Universidad Tecnológica de Pereira como licenciada en Artes Plásticas y una de las áreas de la carrera es precisamente pedagogía”. En su taller, incluso profesionales de otras disciplinas encuentran en la cerámica un elemento sanador y de aprendizaje.

La artesana ha desarrollado, junto con tejedoras de La Florida, procesos de reproducción de utensilios precolombinos como el huso, pieza vital para el hilado de lana. Según sus palabras, aprendió de maestros suramericanos la importancia de reproducir elementos antiguos y transmitir ese conocimiento. Los husos, elaborados con técnicas ancestrales como el bruñido (proceso de sellado del barro con piedra fina para hacerlo impermeable y decorado), permiten a la comunidad acercarse al arte de sus antepasados.

En el ámbito técnico, Gómez destaca el uso de un tipo especial de barro negro traído de Cartago, amasado por animales, y explica el cuidado que se tiene para evitar burbujas de aire que puedan hacer estallar las piezas en el horno. El proceso de secado y cocción debe ser meticuloso; hornear la cerámica toma entre cinco y seis horas a temperaturas de hasta 800 grados, y para otras piezas se emplean hornos eléctricos que llegan a 1.100 grados.

Finalmente, la maestra resalta la importancia de que la comunidad valore el pasado precolombino y los hallazgos arqueológicos, como los husos hallados en Cerritos, y de que los niños se apropien de la historia regional como parte de su identidad.

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¿Cuál es la relación entre la cerámica precolombina y la identidad cultural en Risaralda?

La cerámica precolombina, especialmente las piezas como los husos, representa un vínculo directo con la historia y la identidad cultural de Risaralda. Estos objetos permiten a la comunidad recordar y valorar el legado de los ancestros de la nación Quimbaya, recuperando técnicas y relatos que forman parte de la memoria colectiva de la región.

¿Cómo se desarrolla la técnica del bruñido en la cerámica artesanal?

El bruñido es una técnica ancestral que consiste en sellar la superficie del barro con una piedra fina para hacer la pieza impermeable y darle un acabado más brillante y delicado. Según la experiencia de la maestra Claudia Carmenza Gómez, este proceso no solo mejora la funcionalidad de los objetos, sino que también les aporta un diseño que replica elementos de la naturaleza o las constelaciones.


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