Según los reportes, Berardelli había sido diagnosticado con COVID-19 a principios de este mes y por eso varios fieles le regalaron un respirador. Supuestamente, indicaron los medios, el sacerdote le donó ese dispositivo a un paciente con coronavirus más joven que ni siquiera conocía.

Crux, un periódico en línea que da información relacionada con la Iglesia católica, confirmó que el cura tenía COVID-19 y que tenía un respirador, pero desmintió que hubiera hecho la donación mencionada.

Giuseppe Foresti, sacristán de la parroquia de San Juan Bautista de Berardelli —ubicada en Bérgamo (Italia)— aclaró en ese medio que el sacerdote “simplemente no podía tolerar el respirador, en parte debido a condiciones de salud preexistentes” y por eso se rehusó a usarlo.

“La historia sobre el respirador no es cierta”, añadió el sacristán, quien aseguró que a pesar de que el sacerdote no hizo la donación, sí fue un “hombre de gran virtud”.

La historia sobre el donativo no solo tomó fuerza gracias a los medios de comunicación que la difundieron, sino también porque James Martin, un sacerdote jesuita de Estados Unidos, la divulgó en Twitter.

Después de que Crux desmintiera la historia, Martin publicó el artículo de ese periódico asegurando que había “serias dudas” alrededor de lo que se había contado.

Al poco tiempo, el religioso indicó que la diócesis de Bérgamo le había confirmado que la historia del respirador era “inexacta”.