Escrito por:  Redacción Virales
Feb 13, 2026 - 8:53 pm

En Colombia, la infidelidad no solo se vive en silencio: también se nombra. Y no de una sola forma. El lenguaje popular ha construido, con humor y picardía, todo un diccionario para referirse a los amantes y a las relaciones que se llevan “por debajo de cuerda”.

Por eso, en el ‘Día del Amante’, resurgen términos que hacen parte de la conversación cotidiana. Algunos vienen de generaciones atrás y otros se han adaptado a los tiempos modernos, pero todos cumplen la misma función: hablar de lo prohibido sin decirlo de frente.

Entre los más comunes están “el mozo” o “la moza”, quizá los más tradicionales; “la otra” o “el otro”, directos y sin rodeos; y expresiones muy colombianas como “el tinieblo”, usada sobre todo por jóvenes para referirse a un vínculo oculto.

También aparecen fórmulas más creativas como “el plan B”, “el arroz en bajo” —para lo que se mantiene escondido— o referencias al “cacho”, derivadas de la clásica frase “poner cachos”, una de las más arraigadas en el país.

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Este lenguaje no nació de la nada. Durante décadas, la música popular —desde la salsa y el vallenato hasta el reguetón— ha convertido a “la moza”, “la otra” o “el amor prohibido” en protagonistas de historias que muchos reconocen, aunque pocos admitan como propias.

Con el tiempo, esas narrativas saltaron de las canciones a la vida cotidiana, reforzando códigos sociales que permiten hablar del deseo, la traición o la doble vida con una mezcla de humor, picardía y resignación.

Hoy, esas expresiones siguen vigentes y circulan sin problema en conversaciones, redes sociales y memes, mostrando que el tema dejó de ser tabú para convertirse en parte del relato cultural.

Las cifras que explican por qué el tema sigue vigente

Más allá del lenguaje, el fenómeno tiene una lectura actual. Datos de Gleeden revelan que 7 de cada 10 mujeres usuarias aseguran que la infidelidad no responde a la falta de amor, sino a la búsqueda de deseo, validación y conexión personal.

El dato conecta el pasado con el presente: el deseo femenino siempre existió, pero durante siglos fue silenciado o castigado, especialmente en sociedades donde las mujeres no podían decidir libremente sobre su vida emocional.

“Durante mucho tiempo, el rol de la amante fue usado para juzgar a las mujeres. Hoy, ese mismo rol abre conversaciones sobre libertad, elección y honestidad emocional”, explicó Silvia Rubies, directora de Comunicaciones de Gleeden para Latinoamérica.

Así, el Día del Amante no solo revive palabras cargadas de picardía, sino también debates más profundos sobre cómo se entienden hoy el deseo, las relaciones y el poder de elegir.

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