La compañía tecnológica OpenAI, creadora de ChatGPT, puso sobre la mesa un conjunto de propuestas que han abierto un fuerte debate global: desde la posibilidad de implementar una semana laboral de cuatro días hasta la necesidad de reformar los sistemas tributarios actuales.
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Sin embargo, lejos de tratarse de medidas ya en marcha, se trata de ideas incluidas en un documento de política pública que busca anticiparse al impacto de la inteligencia artificial (IA) en la economía y el empleo.
El informe, titulado “Industrial Policy for the Intelligence Age: Ideas to Keep People First”, plantea una hoja de ruta sobre cómo gobiernos, empresas y sociedades podrían adaptarse a una transformación tecnológica que promete cambiar radicalmente la forma de trabajar y generar riqueza.
¿Qué dicen sobre la semana laboral de 4 días?
Uno de los puntos que más ha llamado la atención es la propuesta de incentivar semanas laborales de cuatro días, equivalentes a unas 32 horas, sin reducción salarial.
Según OpenAI, la inteligencia artificial podría aumentar significativamente la productividad, lo que permitiría a los trabajadores cumplir con sus tareas en menos tiempo. Bajo esa lógica, la reducción de la jornada sería una forma de repartir los beneficios de la automatización.
Incluso, el CEO de la compañía, Sam Altman, ha respaldado la idea de que las empresas experimenten con este modelo, aprovechando las ganancias de eficiencia que trae la IA.
No obstante, el documento aclara que no se trata de una obligación ni de una política concreta, sino de un llamado a que gobiernos y empresas exploren este esquema como una alternativa frente a los cambios del mercado laboral.
Reforma tributaria: menos impuestos al trabajo, más al capital
Otro eje clave del documento es la necesidad de transformar los sistemas tributarios. OpenAI advierte que, si la IA reduce la cantidad de empleos humanos, los ingresos fiscales basados en salarios podrían disminuir, poniendo en riesgo el financiamiento de programas sociales.
Por ello, la empresa sugiere trasladar parte de la carga tributaria desde el trabajo hacia el capital, incluyendo mayores impuestos a las ganancias corporativas, a los rendimientos de inversión y, en algunos casos, a la automatización o uso de “robots”.
La idea central es que, en una economía cada vez más automatizada, la riqueza se concentrará en quienes poseen tecnología y capital, por lo que los sistemas fiscales deberían adaptarse para mantener el equilibrio social.
Dentro de las propuestas más ambiciosas aparece la posibilidad de gravar sistemas automatizados o tecnologías que reemplacen empleo humano, una idea conocida como “impuesto a los robots”.
Según OpenAI, el objetivo es evitar que la riqueza derivada de la inteligencia artificial quede concentrada en pocas empresas y permitir que los ciudadanos también participen de ese crecimiento económico.
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