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La realidad demográfica de Tarso, un pequeño municipio del Suroeste antioqueño conocido por su tradición cafetera y su historia ligada al beato Jesús Aníbal Gómez, se encuentra marcada por un fenómeno inédito: su tasa de fecundidad es hoy la más baja de Antioquia. De acuerdo con lo reportado en El Colombiano, apenas 0,3 hijos por mujer nacen actualmente en esta población, lo que representa una estrepitosa caída del 77,7% desde el año 2008. Los nacimientos registrados son tan escasos que, en 2025, solo se firmaron quince registros civiles en todo el año, y en 2024, hasta el momento, apenas han nacido seis bebés, como lo verifican las cifras del Hospital San Pablo de Tarso.
El contexto rural, que anteriormente se asociaba a tasas de natalidad más elevadas, se ha transformado de manera radical. El desplome demográfico tardó décadas en gestarse y se aceleró significativamente en los últimos años. Mientras en 2008 la tasa estaba cerca del reemplazo generacional con 1,9 hijos por mujer, en 2025 descendió al impresionante 0,3, superando incluso el ritmo de descenso observado en sociedades europeas de baja fecundidad. Según el gerente del hospital local, Juan Manuel Lema Hurtado, este fenómeno se debe en parte a la expansión de los programas de planificación familiar, el acceso mucho más sencillo y asequible a métodos de anticoncepción definitiva, como la ligadura de trompas o la vasectomía, y la entrega gratuita de anticonceptivos e implantes subdérmicos. Los hábitos y prioridades han cambiado: los jóvenes optan por otros proyectos y la maternidad deja de ser una meta temprana.
Por otra parte, la migración de las mujeres jóvenes hacia las ciudades, en búsqueda de estudio o trabajo, resulta clave en la reducción de la natalidad. Lizeth Alejandra Vélez, enfermera jefe del hospital, destaca cómo muchas de ellas ingresan a programas de planificación familiar o expresan su deseo de posponer la maternidad de manera indefinida. En algunos casos, incluso mujeres muy jóvenes optan por procedimientos definitivos, señalando una ruptura con los patrones tradicionales de la región.
Sin embargo, no solo factores económicos y de proyecto de vida inciden en este fenómeno. La violencia, que alcanzó en 2025 su punto más álgido en la historia de la subregión con 320 homicidios en 23 municipios según El Colombiano, afecta especialmente a jóvenes en edad fértil. Este problema de orden público incide directamente en la capacidad de renovación generacional, pues muchas de las personas víctimas del conflicto se encuentran en la etapa potencial para formar nuevas familias.
Tarso ilustra la dinámica extrema de un fenómeno que abarca toda Antioquia: de los 125 municipios, 124 están ya por debajo del umbral de reemplazo poblacional (2,1 hijos por mujer). Mientras municipios como Murindó superan apenas ese umbral, la mayoría, especialmente los rurales cercanos a Tarso, se ubican en tasas globales bajísimas. A la par, el número de nacimientos en Antioquia cayó un 43% desde 2008, y en Colombia, el dato más reciente de 2025 señala el registro más bajo en una década. La rapidez de este descenso, superior al de países europeos o asiáticos tradicionalmente señalados por su baja fecundidad, convierte a Antioquia en un caso aparte, siendo Tarso el ejemplo más elocuente dentro del departamento.
¿Qué significa la “tasa de reemplazo poblacional” y por qué es relevante en este contexto? La tasa de reemplazo poblacional indica el número promedio de hijos que debe tener una mujer para que la población se mantenga estable a lo largo de las generaciones, generalmente fijada en 2,1. Cuando una sociedad cae por debajo de este umbral, como ocurre actualmente en Antioquia y de forma más marcada en Tarso (0,3), comienza inevitablemente a envejecer y corre el riesgo de perder capacidad para sostener su dinámica económica, social y cultural. Entender esta cifra es esencial para dimensionar la magnitud de los retos que enfrentan estos territorios frente al futuro demográfico.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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