Y es que, pese a que Daniel Coronell es considerado el mejor columnista del país y a que Semana ha sido vista como uno de los medios más importantes, la ruptura apenas fue registrada por algunos medios y muy pocos de sus colegas que escriben en espacios de opinión, por no decir que ninguno, dedicaron unas líneas al caso.

De esos pocos, Daniel Samper Ospina no escribió, sino que actuó y renunció a su espacio en la misma publicación, después de enterarse de que Coronell no seguiría más.

Habría que conceder que el mundo está hoy ocupado con el tema del coronavirus y que a los opinadores les resulta muy difícil detenerse en un tema tan intrascendente como el retiro del mejor columnista del país de una de las revistas más importantes, lo que, así no se quiera ver, puede afectar la salud de la democracia de cualquier país porque tiene que ver con el derecho fundamental a la información.

María Jimena Duzán, que escribe en la misma revista en que lo hacía Coronell, se refirió al asunto en un escueto trino: “Lamento la salida de @DCoronell de la Revista Semana”.

En ese contexto se visibilizan opiniones como la de Bejarano, que asegura en su columna de El Espectador que era “previsible” que Semana prescindiera de Coronell, que “venía herido de muerte” desde cuando tuvo su primer desencuentro con la revista por descalificarla al no publicar información que tenía sobre el Ejército.

“La forma en la que procedió la revista expulsando al gran columnista fue sencillamente grotesca y por supuesto inmerecida con él, pero también con los lectores”, dice Bejarano en el diario bogotano, y critica que a Coronell no lo hubiera notificado el director de la revista, Alejandro Santos, sino “la gerente, una exministra uribista y reconocida militante del Centro Democrático”.

Bejarano, sin mencionar el nombre en su columna, se refiere a Sandra Suárez, de quien Las2Orillas hace el siguiente perfil: “Ha adquirido poder dentro del grupo editorial Semana por ser la dama de los números. Llegó a dirigir el proyecto de Foros Semana y luego pasó desde 2016 a la gerencia general, donde se fue ganando la confianza. Aguantó el remezón de la llegada de los Gilinski que entraron con todo a meterse inicialmente en los temas administrativos y financieros, donde la gerencia es un cargo clave. Suárez ha cumplido al pie de la letra el libreto de los nuevos dueños y no ha tenido reparo en implementar duras medidas de recorte que han tocado hilos sensibles del tradicional equipo editorial de Semana”.

Sin embargo, Bejarano encuentra que Semana le hizo un favor a Coronell al sacarlo “porque lo han puesto a salvo de seguir participando de un medio que está recorriendo algo parecido al hundimiento del Titanic”, aunque no da datos ni evidencias que prueben el mal destino que augura para Semana.

“Aquí no parece que nadie haya tomado conciencia de que estamos asistiendo a un proceso lento de desmantelamiento de los medios”, remata el columnista. “Muy pocos periodistas se han alarmado con esta situación de deterioro paulatino pero seguro […]. Esto no va a parar solamente con la airada expulsión de Coronell, porque apenas está empezando”.