La muerte del exvicepresidente Germán Vargas Lleras, confirmada el pasado viernes 8 de mayo, ha puesto bajo la lupa no solo su carrera como uno de los líderes más influyentes de Colombia, sino también detalles desconocidos de su intimidad. Detrás del político de mano firme, nieto de Carlos Lleras Restrepo y líder de Cambio Radical, se escondía un hombre con una devoción absoluta por los animales, especialmente por sus perros, quienes protagonizaron algunos de los momentos más alegres y, paradójicamente, más tristes de su vida.
En sus últimos años, sus bulldog franceses Mancho, Toño y Henry fueron sus compañeros inseparables. Mancho, quien falleció en junio de 2025 tras nueve años a su lado, fue incluso su “coequipero” en recorridos de campaña presidencial. Sin embargo, mucho antes de que estos bulldog ocuparan su corazón, Vargas Lleras vivió una tragedia que nunca quiso ventilar públicamente y que involucró a dos pastores alemanes puros: Urcos y Rex.
La historia de Urcos y Rex comenzó como un gesto de amor. Su esposa, Luz María Zapata, los trajo directamente desde Berlín conociendo la obsesión del entonces ministro por esta raza. Cuando los cachorros tenían apenas cinco meses, Vargas Lleras decidió ingresarlos a adiestramiento en la estación de Carabineros de Bogotá, buscando que canalizaran su energía. En ese entonces, año 2011, él fungía como Ministro del Interior en el gobierno de Juan Manuel Santos y solía recogerlos personalmente tras su jornada laboral.
Lo que parecía un lugar seguro terminó en una pesadilla. Una tarde, recibió la noticia de que sus dos adorados pastores habían sido envenenados dentro de la estación. Según reveló Germán Córdoba, director de Cambio Radical, a la revista Semana, el acto fue perpetrado por un agente de la policía cuya identidad nunca se reveló, quien decidió asesinar a los animales como una forma de venganza contra un mando superior.
El golpe fue tan devastador que, aunque la institución intentó resarcir el daño importando dos nuevos perros desde el exterior, Vargas Lleras los rechazó tajantemente. El dolor de haber perdido a sus “adoraciones” en un hecho tan reprochable lo dejó sin ganas de volver a empezar en ese momento. Fue solo años después que permitió que el amor de Mancho y sus hijos llenara de nuevo su hogar, dejando atrás uno de los capítulos más oscuros y silenciosos de su vida privada.
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