Son unos 4.300 animales -algunos en peligro de extinción y la mayoría recuperados de redes de tráfico- los que no tienen garantizado su sustento, al igual que las alrededor de 500 personas que los cuidan.

Tres de los principales parques del país cerraron puertas en la antesala del confinamiento general que inició este miércoles por orden del presidente Iván Duque para frenar al COVID-19, al menos hasta el 13 de abril, pero con posibilidad de prorrogarse.

Aunque también se ha visto afectado de manera importante, el zoológico de Santa Fe de Medellín tiene algo más de aire, pues su operación está cubierta hasta principios de mayo.

Eso sí, todos ellos dependen por completo de la taquilla. “La situación es muy difícil”, dice a AFP Jorge Abaud Echeverri, director del Parque Zoológico Santa Fe, que alberga 960 especies, como leones, tigres, osos, cebras, hipopótamos y distintos monos, reptiles y aves.

La operación del Santa Fe, que este año cumplió sesenta años de fundado, es una de las más costosas del país. Al mes necesita unos 110.000 dólares entre alimentos, insumos y nómina, que normalmente se cubren con la entrada de los 280.000 visitantes que reciben cada año.

Desde el lunes iniciaron una campaña en redes sociales para recaudar donaciones y el martes comenzaron a reunirse con autoridades en busca de recursos. “Nadie está preparado para lo que viene (…) Plan B y C no hay”, agrega el directivo. “Realmente necesitamos encontrar apoyos”.

El zoológico de Cali hospeda 2.500 animales y recibe a unas 500.000 personas anualmente. El dinero que tienen solo cubre los gastos hasta final de marzo, explica Susan Posada, gerente de comunicaciones de la fundación sin ánimo de lucro que lo administra. “El problema es el económico, es que no podemos comprar los alimentos”, afirma. La operación mínima requiere de 48.000 dólares mensuales.

El zoológico caleño al menos pudo pactar con proveedores para que les sostengan los precios, en momentos en que los de vegetales y frutas han aumentado hasta un 40% ante la demanda masiva. Y los restaurantes Crepes & Waffles les donaron sus reservas de comidas tras suspender temporalmente el servicio por la cuarentena.

Pero los apoyos no bastan ante la magnitud de la “vulnerabilidad”. Por ello lanzaron una campaña de microfinanciación colectiva en internet para mantener a los 250 empleados y solventar la nutrición de los animales. En caso de fallar, apuntarán a créditos bancarios. “Una vez pase la crisis, la economía global va a estar muy expuesta, la gente no va a visitar parques sino estará en función de recuperarse del golpe”, sostiene Posada.

En las laderas del municipio de San Antonio de Tequendama, el cierre de Santacruz ha golpeado más fuerte. La planta de 120 trabajadores ya se redujo a la mitad y los que quedan revolotean para que nadie pase hambre. “El coronavirus nos afectó en todo”, asevera Daniel Bernal, jefe de bienestar animal y nutrición de ese zoológico. “Lo único que tenemos es gastos (…) estamos viviendo al día a día”.

El dinero para remodelaciones lo tuvieron que destinar para comida, que les alcanza hasta la primera semana de abril. El sábado lanzaron una colecta por redes sociales, pues cada mes de funcionamiento les cuesta unos 48.000 dólares. Bernal ve el futuro oscuro. “Es muy complicado, pero estamos ahí, con fe, lo único que se puede es eso”.

Santacruz tiene un agravante: entre el 60 y 70% de sus 700 animales están en etapa geriátrica, por lo que demandan una alimentación especial, más cara.