Más allá del silencio es más que un pódcast. Es una ventana a las conversaciones que importan. Conducido por Rafael Poveda, este espacio se dedica a explorar los temas más polémicos y controvertidos de nuestra época. Cada episodio es una inmersión profunda, con un enfoque investigativo y crítico, en los casos que resuenan en nuestra sociedad. Únete...
Lo que prometía ser una experiencia de sanación terminó convertido en una escena de horror. Andrea Alarcón Beltrán jamás imaginó que una visita a la finca ‘Las Tres Palmas’, en el municipio de San Antonio del Tequendama, derivaría en una de las vivencias más traumáticas de su vida. Su testimonio, revelado en el pódcast Más Allá del Silencio, expone no solo un presunto caso de abuso, sino también un preocupante entramado de manipulación colectiva y negligencia institucional.
(Lea también: Duro relato de la familia de mujer asesinada el día de su cumpleaños en Bogotá por su pareja)
Andrea llegó al lugar con un objetivo sencillo: entregar productos naturistas. Sin embargo, en medio de un ambiente cargado de misticismo, rituales y consumo de sustancias alucinógenas, la situación tomó un giro inesperado. Según su relato, fue víctima de acceso carnal violento por parte de siete hombres que participaban en una ceremonia dirigida por supuestos chamanes.
Lo más alarmante, según denuncia, no fue solo la agresión, sino la forma en que los organizadores del ritual habrían controlado la narrativa frente a los demás asistentes. A través de micrófonos y discursos cuidadosamente dirigidos, convencieron a los presentes de que los gritos de Andrea no eran señales de auxilio, sino parte de un “mal viaje” producto de las sustancias ingeridas. Esta estrategia, profundamente cínica, habría permitido que la agresión ocurriera sin intervención alguna.
El caso pone sobre la mesa una problemática creciente: la vulnerabilidad de quienes asisten a este tipo de ceremonias alternativas, muchas veces sin regulación ni garantías de seguridad. En contextos donde se mezclan estados alterados de conciencia con figuras de autoridad espiritual, las víctimas pueden quedar completamente indefensas.
A esto se suma la denuncia sobre la inacción de la Fiscalía en San Antonio del Tequendama. Según Andrea, la respuesta institucional ha sido lenta y carente de contundencia, lo que agrava la sensación de impunidad. La falta de medidas inmediatas no solo pone en riesgo la recolección de pruebas, sino también la protección de la víctima.
(Vea también: Mujer habría planeado cómo matar a su esposo: lo quemó vivo mientras dormía)
Pese al miedo y las secuelas emocionales, Andrea decidió romper el silencio. Su testimonio no solo busca justicia en su caso, sino también alertar a otras personas sobre los riesgos ocultos detrás de estos espacios. Su voz se convierte en un llamado urgente a las autoridades para investigar con rigor y a la sociedad para no normalizar ni minimizar este tipo de hechos.
La historia de Andrea Alarcón Beltrán es un recordatorio contundente: ningún contexto, por espiritual o alternativo que parezca, debe ser un terreno fértil para el abuso. Y mucho menos, un lugar donde el dolor de una víctima pueda ser disfrazado de ritual.
* Pulzo.com se escribe con Z
LO ÚLTIMO