Se cumple una semana de la muerte del estudiante de derecho Javier Ordóñez en medio de un violento procedimiento policial, y al tiempo que se disipa el humo producto de las acciones de los vándalos —que impusieron su violencia sobre el legítimo derecho a la protesta—, que aumentan las preguntas de las familias que perdieron a alguno de sus miembros en los hechos que siguieron al fallecimiento de Ordóñez, y que se anuncian investigaciones, también se prenden más reflectores sobre la responsabilidad que le pueda caber a Claudia López en la situación.

Hasta ahora, han cobrado notoriedad tres aspectos de la respuesta de la alcaldesa a los desmanes: lamentar que la Policía Metropolitana no haya obedecido las disposiciones de su despacho (ella es la jefe de la institución en la ciudad), la solicitud de que haya una reforma de la Policía y su distanciamiento, de nuevo, del Gobierno Nacional, como quedó manifiesto en el manejo de la crisis por el coronavirus.

Precisamente es ahí, en el tratamiento de la pandemia, donde, por ejemplo, la periodista y politóloga María Teresa Ronderos encuentra una de las cosas que no le “cuadran” de López. Para Ronderos, a la mandataria capitalina “le cabe parte de la responsabilidad [en los hechos ocurridos esta semana] en que la Policía esté abusando de su poder [porque] ella, al igual que muchos otros alcaldes, constantemente llamó a los policías a castigar, multar, perseguir a todos esos ciudadanos ‘indisciplinados’, que salían al rebusque porque ‘ponían en riesgo a todos’”.

Asegura Ronderos en su columna de El Espectador que López “les dio así [a los policías] rienda suelta para que hicieran lo que tuvieran que hacer con tal de impedir que la gente violara la cuarentena”, y encuentra que “por eso no es casualidad que […] al menos otras nueve personas […] hayan muerto por golpizas o balas policiales”. Además, ve esto desde una perspectiva paradójica: “La mitad de ellos estaban siendo reprimidos por no atender la cuarentena. ¡Qué ironía, matar gente para asegurar que se cuide la vida! Pero fueron los alcaldes los que les dieron la patente de corso. Ese mea culpa nos lo debe Claudia”.

Claudia López debe actuar como jefa de Policía

La otra cosa de López que no le cuadra a Ronderos es que la alcaldesa “no termina de reconocer sus falencias como jefe máxima de la seguridad en Bogotá. […] La responsable del gobierno de la ciudad es López. No puede actuar como si no lo fuera”, remata Ronderos y advierte que la reforma a fondo a la Policía que pide López comenzará cuando la mandataria capitalina “nos cuente realmente qué pasó, por qué ella y su equipo de gobierno y seguridad […] perdieron el control”.

Esa relación entre López y su equipo lo menciona Sandra Borda en su columna de El Tiempo, dedicada a criticar la forma en que se pretende deslegitimar de nuevo la protesta social. Borda subraya que, aunque López “ha intentado construir un discurso menos desconectado de la ciudadanía, más reconocedor de la responsabilidad de las autoridades en los asesinatos, por otro lado, su propio secretario de Seguridad le está echando tierra a este esfuerzo y está dedicado a ir en contra del discurso de López”.

Con base en ese hecho, Borda advierte que, si la alcaldía “quiere liderar los esfuerzos por cambiar lo que nos llevó al infortunado miércoles, no puede hacerlo con un secretario de Seguridad que […] está dedicado a minar públicamente los esfuerzos de la alcaldesa. Si nos preocupa que López no pueda mandar sobre la Policía, sería mejor no añadirle ahora que tampoco manda sobre su propio secretario de Seguridad”.

En el marco de la crítica que hace a la pretensión de deslegitimar la protesta social, Borda sostiene que a la alcaldía “no le conviene sumarse a la narrativa más vieja, más fácil y más mediocre para restarles peso e importancia a las demandas por menos abuso y menos impunidad frente a los casos de abuso policial. […] Ese intento de criminalización solo va a terminar de separar a gobiernos nacionales y locales de una ciudadanía que cada vez los siente más ajenos y lejanos, y va a terminar haciendo lucir sus pocos gestos de arrepentimiento como puro teatro, vacuo y de mala calidad”.

Error querer arrinconar a Iván Duque

Lo que ha hecho López en esta semana también es visto desde otras ciudades. En Medellín, por ejemplo, el diario El Colombiano entiende las actitudes de la alcaldesa de Bogotá en el marco de sus aspiraciones políticas. “Para nadie es secreto que la alcaldesa abriga ambiciones presidenciales y que trabaja para ello sin pausa”, dice ese medio en su editorial.

Y teje su texto en clave de varias paradojas en las que está inmersa ahora López: el hecho de que hizo su carrera política en la oposición, y ahora le toca, en alguna medida, enfrentar la oposición que le hacen a ella; “de promover movilizaciones y manifestaciones pasó a tener que gestionarlas y mantener el orden ante actores que obedecen a objetivos disímiles y que combinan toda clase de formas de presión”.

“López ha tomado nota de la estrategia de apaciguar las movilizaciones, siendo ella, como gobernante, la que las convoque, y así lo ha hecho a raíz de los desmanes generados luego de la muerte […] de Ordóñez”, dice el rotativo antioqueño, y critica que cuando las cosas se salen de cauce y amenazan el marco de convivencia, “la alcaldesa se convierte en jefe de oposición a las otras instituciones, con miras a salvaguardar su propia imagen, de modo que la responsabilidad por lo que salga mal es siempre achacable a otros, y lo que sale bien es mérito propio”.

También le recuerda “los duros juicios que lanzaba al anterior alcalde [Enrique Peñalosa] por supuestamente no saber manejar a la policía de la capital”, pero, al olvidar esos juicios, “López pasó a convertirse en severa fiscal de la institución policial”. De ahí, El Colombiano pasa a reprocharle a López el acto que organizó este fin de semana en el que hizo notar la ausencia de Iván Duque, pues “desnaturalizó su sentido al formularlo como una medición de fuerzas con el presidente de la República”.

“Grave error el de la alcaldesa querer poner contra la pared al Jefe del Estado forzando situaciones que dejan serias dudas sobre su buena fe”, termina el editorial de este medio. “Así sea de una fuerza opositora, hay una lealtad institucional que no se debería romper de forma tan burda, como ocurrió el domingo, con artificiosas ‘sillas vacías’ y emboscadas políticas a los funcionarios del Gobierno Nacional”.