“Hoy, 14 de septiembre de 2020, reunidos quienes conformamos el antiguo secretariado de las Farc-ep y quienes firmamos en 2016 el acuerdo de paz, estamos aquí para, desde lo más profundo de nuestro corazón, pedirle perdón público a todas nuestras víctimas de secuestro y a sus familias“, dice la declaración, que está firmada por Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’, y por varios congresistas del Partido Farc.

En la carta, los suscritos reconocen que el “secuestro fue un gravísimo error” del que no pueden sino arrepentirse, y aseguran que entienden el dolor causado a las familias “que vivieron un infierno esperando tener noticias de sus seres queridos, imaginando si estarían sanos y en qué condiciones estarían siendo sometidos a seguir la vida”.

Es en este punto en donde los exjefes guerrilleros recuerdan el caso del niño Andrés Felipe Pérez, que murió a sus 12 años de edad (en 2001) por un cáncer que lo afligía, mientras su padre, el cabo de la Policía José Norberto Pérez, completaba casi dos años en cautiverio.

“Sentimos como una daga en el corazón la vergüenza que nos produce no haber escuchado el clamor de Andrés Felipe, quien murió esperando reencontrarse con su padre”, se lee en la carta.

El arrepentimiento que hoy muestran los excabecillas guerrilleros también se da porque unos cuatro meses después de la muerte del niño, según informó Caracol Radio, el cabo Pérez fue asesinado en cautiverio.

Pero la Farc es consciente del daño que causó y por eso reconoce, en la misiva, que el secuestro “sólo dejó una profunda herida en el alma de los afectados e hirió de muerte” su “legitimidad y credibilidad”.

“Les arrebatamos lo más preciado: su libertad y su dignidad. Podemos imaginar el dolor profundo y la angustia de los hijos e hijas de tantos secuestrados por las Farc-ep”, agregan.

Es por esto que los firmantes del proceso de paz se comprometen a resarcir, en parte, el daño que causaron, y reiteran el compromiso de responder a la justicia y  “dar las explicaciones de los por qué y los cómo” ocurrieron los secuestros.

“[…] nos comprometemos ante la sociedad colombiana, que hoy más que nunca reclama justicia y verdad por tanta violencia, invertir cada día del resto de nuestras vidas a recomponer el mapa de los desaparecidos y a buscar sus restos para entregarlos a sus seres queridos, a luchar por la paz, a contribuir a desmontar todas las violencias, incluyendo la estatal, que aún subsisten y por un futuro en el que nadie, nuca más, sea secuestrado”, finaliza la carta.