Por: El Colombiano

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Este artículo fue curado por pulzo   Mar 3, 2026 - 6:13 am
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En la antesala de las elecciones legislativas en Colombia, la incertidumbre y el escepticismo marcan el ambiente electoral. De acuerdo con un reciente sondeo de AtlasIntel reseñado por El Colombiano, aún el 9,5 % de los ciudadanos no ha decidido su voto para Senado y Cámara, porcentaje que se suma al 3,9 % que planea abstenerse o emitir un voto nulo y al 3,4 % que señala su intención de votar en blanco. La amplia oferta electoral, con 3.144 aspirantes registrados para 102 curules en el Senado y 183 en la Cámara, según datos de la Registraduría, contribuye a esa sensación de desinformación y agobio frente a la decisión que deberá tomarse en los comicios del 8 de marzo.

El proceso de elección se da en medio de una campaña marcada por la proliferación de publicidad política, disputas internas y movimientos que han sacudido la composición de los principales partidos. En el caso del Centro Democrático, los sondeos lo sitúan entre el 17,8 % y el 21,9 % de intención de voto, consolidándose como la segunda fuerza en el Senado tras optar por una lista cerrada, donde se vota por el partido y no por candidatos individuales. Destacan figuras como Andrés Forero a la cabeza, junto a otros representantes, y el expresidente Álvaro Uribe como símbolo electoral. Sin embargo, esta agrupación ha sufrido la salida de líderes que han migrado a otros movimientos, reflejo de tensiones internas y disputas por los puestos privilegiados en la lista—como visibilizó El Colombiano.

Por su parte, el Pacto Histórico, forza política afín al presidente saliente Gustavo Petro, se perfila como el principal contendiente al Senado según AtlasIntel, con una lista que se conformó mediante voto interno y alternancia de género. No obstante, entre sus candidatos hay varios señalados por denuncias diversas; desde la exministra Carolina Corcho hasta el senador Álex Flórez y David Racero, quienes enfrentan procesos en la Corte Suprema. La configuración de estas listas refleja cómo tanto la maquinaria tradicional como el voto de opinión pesan en la definición de las candidaturas—y en sus controversias.

Otros movimientos han surgido con propuestas diferentes. Creemos, que impulsó a Federico Gutiérrez a la Alcaldía, ofrece una lista de personas sin procesos judiciales, liderada por Juliana Gutiérrez y Andrés Bedoya. Sin embargo, enfrenta retos importantes: la cantidad limitada de aspirantes inscritos, escasa visibilidad nacional de los candidatos y cuestionamientos por el uso del espacio público en Medellín y por el apoyo a Abelardo de la Espriella, lo que podría dificultar alcanzar el umbral de votos al Senado requerido.

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Fuerza Ciudadana y Comunes presentan una propuesta alternativa de izquierda, distanciada del Pacto Histórico y con figuras como Gloria Gaitán y excombatientes de las Farc, entre ellas Sandra Ramírez. Sus listas representan el desafío de legitimar su presencia parlamentaria en medio de escrutinios por el pasado de sus integrantes y el riesgo de no superar el umbral mínimo. El caso de Ramírez, acusada por delitos graves durante el conflicto armado y otros señalados por corrupción, exemplifica las dificultades para reconciliar la legitimidad política con el pasado judicial de sus integrantes.

En este contexto, el espectro electoral colombiano se presenta fragmentado, con partidos tradicionales y nuevas fuerzas luchando por conseguir representación parlamentaria. Los retos pasan por la superación del escepticismo ciudadano, la transparencia, el manejo de las viejas disputas y la búsqueda de legitimidad de quienes llegan con antecedentes polémicos o de exmilitancia armada. A pesar de la pluralidad y la abundancia de candidatos, persiste el desafío de la información clara que permita al votante tomar una decisión consciente y autónoma en las urnas.

¿Qué es una “lista cerrada” en las elecciones al Senado?

La pregunta acerca de la naturaleza de una “lista cerrada” adquiere relevancia en el actual contexto electoral colombiano, considerando que varios partidos están compitiendo con este mecanismo. Según lo explicado por El Colombiano, una lista cerrada implica que los electores eligen al partido, no a candidatos individuales; así, quienes acceden a las curules lo hacen en el orden en que aparecen registrados en la lista. Este modelo busca consolidar la identidad del partido, pero también concentra el poder de decisión en las directivas partidistas, generando tensiones y controversias sobre la selección de sus representantes.

Este sistema, utilizado por partidos como el Centro Democrático, puede ofrecer mayor cohesión programática, pero también acrecienta la responsabilidad de los votantes de informarse sobre la trayectoria y propuestas colectivas y personales de quienes integran esas listas. Por ello, comprender esta figura es fundamental para evaluar cómo influye en la transparencia, en la pluralidad y en la calidad de la representación política en el parlamento.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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