El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
En medio de un escenario marcado por recurrentes denuncias de inseguridad, la reciente captura de dos presuntos miembros de la organización criminal conocida como “Los Satanás” ha arrojado una nueva luz sobre la situación que viven comerciantes y conductores en Soacha, Cundinamarca. El operativo, llevado a cabo en la comuna León XIII y coordinado por la Fiscalía General de la Nación, responde a una coyuntura de extrema tensión, en la que protestas y bloqueos destacan la desesperación de las víctimas de la extorsión. Durante años, sectores como el comercio y el transporte público han advertido sobre cobros ilegales, amenazas y hasta homicidios asociados a grupos delincuenciales que manejan el territorio a través del miedo y la violencia, según lo manifiestan en reiterados reportes.
La investigación concluyó con la detención de alias “Alexander” y “Rambú CV”, señalados por las autoridades como responsables de hostigar sistemáticamente a trabajadores del transporte y a pequeños empresarios. Las diligencias judiciales, desarrolladas en cuatro allanamientos, permitieron incautar elementos cruciales: un revólver, munición, un explosivo, dos motocicletas, dispositivos celulares y material intimidatorio firmado por el grupo “Los Satanás”. Estos hallazgos refuerzan la hipótesis del uso del terror para mantener el control aunque, como señaló la Fiscalía, el caso aún avanza en materia judicial, mientras los capturados cumplen la medida de aseguramiento en un establecimiento carcelario por delitos relacionados con el porte de armas y explosivos.
Este capítulo sucede poco después del asesinato de Agustín González, un joven conductor intermunicipal, que fue baleado mientras laboraba en el sector Las Flores, en los límites con Ciudad Verde. Aunque la justicia explora el verdadero motivo detrás del crimen, varios colegas consideran que podría estar relacionado con su negativa a pagar extorsiones, un hecho que detonó extensas protestas y bloqueos en la Autopista Sur por parte del gremio de transportadores. Voceros del sector expresaron ante los medios, entre ellos El Espectador, que las amenazas, los cobros semanales y los panfletos se han convertido en el pan de cada día y que, a pesar de los operativos, el ambiente de terror permanece.
La escalada de violencia quedó evidenciada, además, cuando un joven trabajador informal fue asesinado cerca a la estación San Mateo durante los disturbios relacionados con la protesta. Aunque la Policía sostuvo que dicho hecho no guardaba relación directa con los bloqueos, la concatenación de muertes ha alimentado la percepción ciudadana de un entorno fuera de control, donde la impunidad y el temor limitan la capacidad de respuesta institucional.
Según datos compartidos por la representante a la Cámara Alexandra Vásquez, las cifras de homicidio en Soacha muestran un crecimiento preocupante desde 2022, mientras que la extorsión, aunque reporta un número menor de casos en términos absolutos, continúa afectando severamente la vida diaria de la comunidad. Las estrategias como el llamado ‘Plan Guitarra’, que incluye controles y requisas en los buses, han permitido dar algunos golpes a organizaciones, incluidas estructuras como “Los Satanás”, que ya habían registrado desarticulaciones parciales en 2025. Sin embargo, el sentimiento de quienes enfrentan extorsiones a diario es de frustración: mientras algunos criminales son arrestados, muchos logran recuperar su libertad, perpetuando un ciclo que parece no tener fin, según testimonios recogidos por El Espectador.
Estos hechos levantan la inquietud sobre la verdadera eficacia de las acciones institucionales ante organizaciones que, pese a los esfuerzos de la fuerza pública, mantienen su capacidad de intimidación. Así, la pregunta persiste: ¿qué se necesita para romper el ciclo de miedo y violencia que afecta a Soacha y proteger de manera efectiva a quienes viven y trabajan en la zona?
¿Cómo impactan las extorsiones en la vida diaria de comerciantes y transportadores?
La pregunta surge por la frecuencia y gravedad de los casos reportados en Soacha, donde el temor se impone sobre la rutina de quienes salen cada día para ganarse la vida. Las amenazas de “Los Satanás” y otros grupos criminales han obligado a muchos a modificar rutas, horarios o incluso abandonar sus actividades para salvaguardar su integridad.
El impacto, según relatos recogidos por El Espectador, es no solo económico, sino emocional y social: la constante tensión, la incertidumbre ante el futuro y la percepción de desprotección inciden en el bienestar general de la comunidad. Por eso, entender esta dimensión cotidiana es clave para dimensionar el problema de la extorsión más allá de las cifras y los titulares judiciales.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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