Cuando el fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez dijo eso, Juan Manuel Santos asegura en su escrito en el diario español que lo recibió “como un elogio”, porque asociaba a Israel con “su capacidad de resistencia, su espíritu emprendedor y sus innovaciones tecnológicas”, por lo que “tiene mucho que admirar”.

Pero, pese a que sostiene que sigue admirando los valores de los fundadores del Estado de Israel y el compromiso de “garantizar la total igualdad de derechos sociales y políticos para todos sus habitantes, al margen de la religión, la raza y el sexo”, considera que hoy el “valor” y la “magnanimidad” (dos aspectos que, dice Santos, requirió la construcción de la paz en Colombia), “están totalmente ausentes de los planes de su Gobierno para anexionarse partes de Cisjordania”.

El expresidente Santos califica por ese propósito al gobierno israelí de “hipernacionalista” y asegura que “desprecia descaradamente los derechos humanos y el derecho internacional”. Plantea que “la amenaza de anexión no es más que el ejemplo más reciente” de ese desprecio, “con el peligro de que cree un régimen de apartheid en el que existen dos tipos de leyes diferentes para las dos poblaciones que comparten una misma tierra”.

Lo curioso es que Santos incorpora a su comentario sobre la explosiva situación en Oriente Medio su perspectiva del proceso de paz que alcanzó él en su administración con las Farc, y toca la acusación que se le hace de que fue una “traición”.

“Cuando era presidente de Colombia, trabajé duramente para negociar un acuerdo de paz con las […] FARC y otros grupos rebeldes, con el propósito de acabar, por fin, con la guerra civil de mi país”, escribe Santos en el periódico español. “El acuerdo se basó en el respeto a los derechos de las víctimas del conflicto, tal como estipulaba el Estatuto de Roma establecido por la Corte Penal Internacional. El hecho de que estuviera fundado en el derecho internacional aumentó su fuerza y su credibilidad dentro y fuera del país”.

Admite que “hoy, todos los colombianos se debaten con el doloroso y complicado proceso de llevar a la práctica el acuerdo y trasladar esa visión de paz a la realidad. Muchos lo rechazaron por considerarlo una traición; algunos todavía lo hacen. Muchos preferían la familiaridad de la retórica nacionalista y marcial; algunos todavía la prefieren. Pero la ola de apoyo a la paz y la reconciliación no ha dejado de crecer, y al final será imparable”.

Después, vuelve a la situación palestino-israelí: “Los planes de anexión de Benjamín Netanyahu constituyen un rechazo unilateral de la solución de dos Estados y cuentan con la oposición de la mayoría de los países de la región y del mundo. Existe el riesgo de que la anexión agrave el caos en la región e intensifique el resentimiento y la marginación de los palestinos, la hostilidad de los vecinos de Israel y el deterioro del orden democrático e institucional del Estado judío”.

Y termina con otra evocación al caso colombiano al sostener que el proceso de paz en el país le enseñó que “no es posible prescindir del principio de legalidad ni del respeto a los derechos humanos. Cualquier victoria política a corto plazo que se consiga a base de complacer o avivar las tensiones sectarias o ideológicas resultará hueca”.

Santos, por supuesto, no es la única voz que se levanta contra las intenciones de Israel. Un presidente en ejercicio e influyente, el francés Emmanuel Macron, pidió a Netanyahu que abandone cualquier proyecto de anexión de los territorios palestinos, ya que sería un acto contrario a la paz, informó la presidencia francesa el viernes.

“Le recordó el compromiso de Francia con la paz en Oriente Medio y le pidió que se abstenga de tomar cualquier medida para anexionar territorios palestinos”, indicó un comunicado oficial. Macron también subrayó que “una medida así se opondría al derecho internacional y pondría en entredicho la solución de dos Estados, así como una paz justa y duradera entre israelíes y palestinos”, según el comunicado.