[Esta nota sobre la pandemia en Bogotá es la primera de varias entregas del balance del primer año de la alcaldesa; espere pronto la segunda, sobre movilidad]

El 19 de marzo, la alcaldesa Claudia López fue una de las pioneras en el país en impulsar el aislamiento. Ella decretó en Bogotá un simulacro por el puente festivo, pero poco a poco se le fueron sumando más decisiones que terminaron en una necesaria cuarentena, que dictaminó en una nueva vida productiva para muchas personas.

Esas medidas para evitar una gran tasa de contagio fueron bien vistas por la mayoría de los ciudadanos, que en aquel momento aplaudieron la tenacidad de la mandataria local para, incluso, llevarle la contraria al presidente Iván Duque, quien ponía algunas trabas para decretar el aislamiento.

A continuación, le presentamos un reportaje de cómo fue el manejo de la pandemia generada por la COVID-19 en el primer año de Claudia López. En este video encontrará entrevistas con expertos y otros personajes que analizaron la labor de la mandataria (hay voces a favor y en contra):

Herman Bayona, presidente del Colegio Médico de Bogotá, es uno de esos expertos que vio con buenos ojos la decisión tomada por la mandataria en aquel momento.

“En el inicio de pandemia, la actitud y las decisiones que se tomaron fueron adecuadas y correspondían al momento epidemiológico”, le dijo a Pulzo.

Como en casi todos los lugares del mundo, la capital no estaba preparada para un contagio que fue incrementando poco a poco. A pesar de todas las medidas restrictivas, esta metrópolis se convirtió en la ciudad con más contagiados en el país y eso llevó a que se necesitara la adquisición de más unidades de cuidado intensivo, aunque no lo hicieron de la manera más adecuada.

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Se hicieron grandes esfuerzos en la implementación de unidades de cuidado intensivo, pero no se tuvieron en cuenta todos los elementos que se requerían para aumentar esta infraestructura. Un ejemplo: no había quien las manejara. En muchos sitios, estas UCI quedaron en manos de personas que no son idóneas y esto tiene una repercusión sobre la salud pública y sobre el pronóstico de los pacientes que están allí”, indicó el presidente del Colegio Médico de Bogotá.

Así debe lucir una cama UCI para la atención de pacientes. Imagen ilustrativa de Getty.
Así debe lucir una cama UCI para la atención de pacientes. Imagen ilustrativa de Getty.

En ese sentido, Luis Ernesto Gómez, secretario de Gobierno, reconoció en una entrevista con Pulzo que “hacer y habilitar una UCI no es solo poner una cama y un respirador. El elemento más importante del servicio son los seres humanos que atienden a los pacientes. Un intensivista toma 10 años formarlo”.

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De hecho, otra de las innovaciones fue la implementación de Saludata, portal habilitado para mantener un control de la situación en la capital, fue una buena medida. Durante los últimos meses del 2020 no hubo ninguna preocupación, aunque para el inicio de 2021 empezó a generar controversia.

Corferias, la gran apuesta: ¿para qué sirvió y cuánto costó?

Desde Corferias, la alcaldesa anunció que en el inicio de la pandemia habían “mil unidades de cuidado intensivo en los hospitales públicos y privados”, pero que la intención era “llegar a cuatro mil unidades en total”, sin detallar el tiempo para hacerlo. Para cumplir esta meta deberían “transformar unidades de cuidado intermedio o unidades de cuidado hospitalaria”, por lo que tomó la decisión de usar un pabellón de este centro de eventos y adecuar allí un lugar para atender a los pacientes no COVID.

Inicialmente se conoció un documento en el que solamente el costo del alquiler de este lugar sería de 11.000 millones de pesos, pero la mandataria local aclaró que fue una propuesta y no tendría este valor.

Finalmente, para adecuar y mantener 2.000 camas de atención, tener disponible al personal de salud, pagar los servicios, comprar insumos médicos y sustentar otros gastos, la inversión final de este lugar fue de 18.000 millones de pesos.

“La medida se contempló siguiendo los principios de prevención y precaución, siempre pensando en preservar el bienestar común y la vida de los bogotanos. El hospital transitorio de Corferias es una medida con la cual la ciudad se preparó de manera rápida, como lo exigía la llegada inminente del virus al país, para eventuales situaciones críticas como el colapso del sistema de salud de la ciudad y sus efectos sobre la vida de los ciudadanos”, dijo el secretario de Salud, Alejandro Gómez, en un comunicado.

Si bien la idea pareció muy buena y adecuada para evitar un colapso en la salud, las medidas en el país se fueron reduciendo mensualmente por el bajón en el número de contagiados y en agosto del 2020 cerró con un total de 446 personas atendidas durante los meses que estuvo disponible. Allí llegaron personas para ser atendidas en pediatría, ginecoobstetricia, partos de bajo riesgo, medicina interna y postoperatorios de cirugía general.

No obstante, según le contó a Pulzo Herman Bayona, quien está al tanto de todo lo que pasa en el sector salud, “esta fue una buena medida que se implementó en un tiempo inadecuado y se suspendió en un tiempo inadecuado. Este momento (enero de 2021), era como para tener Corferias y sacar a la gente no COVID allá. Fue una gran inversión que se subutilizó”.

Bogotá, la ciudad con más contagiados del país

Colombia cerró el año con 1.642.775 casos confirmados de COVID-19. De esa cifra, 471.155 habían sido diagnosticados en la capital, según el reporte oficial del Ministerio de Salud. Desde el Colegio Médico de Bogotá valoraron el esfuerzo, pero añadieron que parte del gran número de contagiados fue producto de una mala estrategia para aislar a los contagiados y de no aplicar las pruebas a las personas correctas.

“En el sector salud, el testeo sobre los trabajadores de la salud fue de muy escaso. En promedio, a un médico le realizaron una o dos pruebas en el año. Debieron haberse realizado pruebas una vez a la semana para los que estaban en primera línea y una vez al mes para los que estaban en segunda línea. No se hicieron pruebas sobre las personas que estaban en el comercio, especialmente a las personas que atendían. Lo mismo pasaba con los taxistas”, le explicó Bayona a este portal.

Y luego añadió: “En el mundo se estaban realizando entre 50 y 150 pruebas por caso positivo. Bogotá estaba realizando casi 15 pruebas por caso positivo, eso es muy poquito. Como no se hicieron cercos epidemiológicos buenos, hubo un gran problema, pero eso depende de las EPS y de la Secretaría de Salud”.

Precisamente, sobre las medidas tomadas para el fin de año, el secretario de Gobierno le expresó a este portal que “diciembre es el mes más importante para la generación de empleo y el comercio. Sabíamos que eso generaba aumento en las interacciones, pero era muy importante permitir que el sector productivo funcionara después de un año tan difícil”.

Esas interacciones tuvieron sus resultados negativos y el inicio del segundo año de mandato de Claudia López comenzó con altísimas cifras de contagiados, a tal punto que se han llegado a récords de nuevos casos positivos en Bogotá.

La alcaldesa, tal como lo ha hecho siempre, mostró tenacidad y mano fuerte en el inicio de la pandemia y aunque fue aplaudida por sus primeras decisiones para controlarla, el cierre de año dejó un mal sabor de boca entre los ciudadanos y los especialistas.

“Le ha tocado el año más duro de su vida, como a muchos alcaldes. En el caso de ella ha tenido aciertos y desaciertos. Preparó muy bien a la ciudad en el primer pico, supo iniciar un modelo epidemiológico, rastrear el virus, pero por algo, que no sabemos qué es, el virus fue llegando a unos extremos extraños en diciembre y, desde luego, hubo un mal relajamiento. No solo la alcaldesa sino a nivel nacional”, sentenció María Jimena Duzán en un diálogo con Pulzo.

 

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*Con entrevistas de David Aponte, Sergio Jácome y Carlos Díaz
*Producción audiovisual de Mateo Coral