El éxito del municipio boyacense para controlar la pandemia no tiene que ver con una “fórmula secreta” ni una “varita mágica”, sino de la coordinación de las autoridades y una labor de concienciación e información muy incisiva, incluso puerta a puerta y comercio a comercio, dijo el alcalde, Jaime Rodríguez, a EFE.

“No fue fácil, no puedo salir a decir que la gente inmediatamente recibió todo lo que le decíamos”, explicó a la agencia de noticias Rodríguez. Cada día, él, junto al sacerdote y a las trabajadoras del centro de salud, le hablaba a la población a través de la radio local, pidiéndoles precaución y diciéndoles que, al fin y al cabo, ellos no se podían cuidar por el resto

Al principio de la pandemia, cuando el país se cerró como medida cautelar en una cuarentena estricta, el Gobierno pidió a los alcaldes que acopiaran bolsas mortuorias, viendo la situación de otros países como Italia o España. Ahí él se asustó; dudó si contarlo, pero finalmente lo dijo en la radio, y eso caló en la población. “Se espantaron”, contó.

A las veredas más alejadas enviaron mercados para que no tuvieran que acudir al pueblo y exponerse y repartieron tapabocas; todo visitante tenía que pasar por una cuarentena obligatoria, aislados, y con el seguimiento del personal de salud.

Fueron 120 personas los que llegaron al pueblo de fuera, según los cálculos de la gerente del centro de salud, Janneth Cabarcas.

“Al principio me estresaba mucho porque aquí hay mucha población mayor”, cuenta la epidemióloga desde su despacho, una de las pocas salas -ninguna de hospitalización- con las que cuenta este pequeño centro.

Las dos enfermeras y el resto de trabajadoras sanitarias caminan de un lado al otro, con listas, termómetros, armadas con sus trajes desechables y las viseras de protección.

Aunque la COVID-19 no llegó a Campohermoso (Boyacá), sí lo hicieron las vacunas, pues la mayoría de la población pertenece a la primera fase.

Y es que “Campohermoso, de hace 20 años para acá, ha disminuido su población bastante” señaló el alcalde a EFE, pues en 20 años pasaron de 15.000 habitantes a 3.4000.

El 15 % de la población tiene más de 65 años, un promedio muy superior al de otras partes del país. Lejos de huir del conflicto o de la violencia de grupos armados, porque en este municipio no los hay, los jóvenes se van porque no tienen dónde trabajar.

Adulto mayor en Campohermoso, Boyacá / EFE
Adulto mayor en Campohermoso, Boyacá / EFE

Ahí, las personas sobreviven mayoritariamente del ganado que venden en la feria dominical, y también de cultivos de frutales, tubérculos y el producto nacional, el café.

Durante la pandemia volvieron 30 familias que se habían ido a Bogotá y otras ciudades a buscar fortuna y a los que la crisis económica les dejó en una situación límite. En Campohermoso al menos “no se aguanta hambre, la pobreza extrema es muy mínima, pero tampoco hay riqueza”, como indica Rodríguez.

Este pueblo es, junto a San Juanito (Meta), uno de los dos de Colombia, el tercer país latinoamericano más afectado por el coronavirus, donde no se registró un solo caso de la enfermedad en este año de COVID-19.