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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Feb 16, 2026 - 12:31 pm

El horror del antiguo Bronx de Bogotá ha vuelto a estremecer al país, pero esta vez no solo por la crudeza de los hechos, sino por el impacto que causó en quien tuvo que documentarlos. La experimentada periodista ‘la Nena’ Arrázola reveló que la entrevista con Óscar Rosas, el chef esclavizado por ‘Los Sayayines’, fue una de las experiencias más difíciles de su carrera.

Rosas, quien pasó de las cocinas de lujo en Nueva York a un búnker subterráneo infestado de ratas, relató en ‘Los informantes’ cómo el canibalismo dejó de ser un ritual para convertirse en un sistema de alimentación macabro en las entrañas de la “L”.

Mientras el chef detallaba cómo preparaba cuerpos humanos y servía los sobrantes como “alimento diario” para los más vulnerables, la tensión en el set se hizo insoportable. Arrázola, conocida por su temple, tuvo que detener el ritmo de la entrevista para intentar asimilar el horror.

“Tuve que hacer una pausa para asimilar cada palabra que me estallaba en la cabeza. ¿Esto es verdad, Óscar? Voy a tomar agua, Óscar. Tomé agua durante toda la entrevista”, confesó la periodista, evidenciando el impacto psicológico del relato.

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El testimonio de Rosas es digno de una pesadilla. El chef explicó que, tras procesar los cuerpos que le entregaban sin huesos ni extremidades, los restos se repartían entre quienes circulaban por el sector sin que estos supieran el origen de la proteína.

“Sobraba sopas de manes y le daban a los ñeros a comer; uno ya no tenía ni idea de que estaba comiendo un cristiano”, reveló Rosas, describiendo un escenario donde el canibalismo estaba totalmente normalizado bajo el control criminal.

La vida de Óscar durante tres años transcurrió en un espacio claustrofóbico: una cañería antigua de Bogotá donde solo cabían una mesa, el cadáver de turno y “muchos extranjeros” que participaban de esta dinámica. Según Rosas, era un “restaurante de caníbales” del que solo pudo escapar tras un intento de suicidio.

Al cortarse el cuello con una botella, su custodio se vio obligado a sacarlo del túnel y dejarlo abandonado en el Parque de los Mártires, poniendo fin a una historia que hoy, años después, sigue haciendo que incluso los periodistas más veteranos tengan que detenerse a respirar.

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