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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Feb 16, 2026 - 10:56 am

El horror del antiguo Bronx de Bogotá sigue arrojando detalles que superan cualquier ficción de terror. Óscar Rosas, el chef de talla internacional que terminó esclavizado por ‘Los Sayayines‘, entregó nuevos y escalofriantes datos sobre el menú que preparaba en las profundidades de la “L”. Según su relato, el canibalismo no era solo un ritual de poder, sino una práctica sistemática de alimentación.

Rosas, quien pasó de las cocinas de lujo en Nueva York a un búnker subterráneo infestado de ratas, confesó que la degradación llegó a un punto en el que se servía “sopa de manes” a quienes circulaban por el sector.

El chef relató que, tras preparar los cuerpos que le entregaban sin extremidades ni huesos, los sobrantes se convertían en el alimento diario de los más vulnerables en el sector.

“Sobraba sopas de manes y le daban a los ñeros a comer; uno ya no tenía ni idea de que estaba comiendo un cristiano“, reveló Rosas, describiendo la macabra normalización del canibalismo en el Bronx.

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Rosas explicó que esta práctica estaba ligada a rituales satánicos donde los criminales buscaban obtener “beneficios y poderes”. Incluso, llegó a afirmar que los mismos ‘Sayayines’ terminaron devorando al que fuera el “duro” del lugar.

La confirmación oficial: “Los trituraban”

Aunque por años estos relatos fueron tratados como mitos de la drogadicción, Julián Quintana, exdirector del CTI de la Fiscalía, rompió el silencio para respaldar la veracidad de estas atrocidades. Gracias a agentes encubiertos que se hicieron pasar por habitantes de calle, la justicia pudo asomarse a las bandejas del horror.

  • El hallazgo: “Me muestran las bandejas y me dicen: ‘aquí incluso ponen seres humanos, los descuartizan, los trituran y se los ponen a los habitantes para que se los coman'”, señaló Quintana.

  • La mezcla: Según el exdirector, los restos humanos eran revueltos con restos de animales para camuflar su origen y alimentar masivamente a las personas en el sector.

Esta “industria” del canibalismo funcionaba bajo tierra, en una red de cañerías antiguas que servían de mataderos humanos, confirmando que el Bronx no era solo una zona de expendio de drogas, sino un centro de exterminio y prácticas atroces que apenas hoy el país termina de digerir.

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