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Un juez penal condenó a 14 años de prisión a Melisa Porras Domínguez, acusada de suministrar medicamentos veterinarios a hombres, con la intención de dejarlos inconscientes y aprovechar para hurtarlos.
De acuerdo con la investigación que formuló la Fiscalía, y la cual permitió la imputación y posterior condena, el modus operandi de Porras consistía en contactar a sus víctimas por aplicaciones de citas, ganarse su confianza y luego administrarle sustancias desconocidas que los dejaban vulnerables.
Asimismo, la pesquisa del ente acusador estableció que la cuantía de lo hurtado asciende a más de 400 millones de pesos, producto de la apropiación de dinero en efectivo, objetos de valor e incluso un vehículo.
Cómo operaba el engaño: del chat al atraco
Para capturar a las víctimas, la mujer usaba plataformas de citas como escenario para iniciar conversaciones. En un momento propicio, les suministraba dosis de sustancias veterinarias que inducían la pérdida del conocimiento. Acto seguido, aprovechaba su estado para extraerles sus pertenencias sin que reaccionaran.
Una vez despertaban, las víctimas no tenían memoria clara del hecho ni podían identificar al agresor, pues este actuaba con disimulo. La operación criminal incluía logística de huida y coordinación sobre cómo desprenderse de los objetos hurtados.
Tras el juicio, Porras fue sentenciada por delitos de hurto calificado y agravado, cargos que ella misma aceptó, así como por los agravantes vinculados a la vulnerabilidad de las víctimas. La Fiscalía recalcó que no solo fue el robo lo que se castigó, sino la forma engañosa y criminal del hurto, que implicó uso de sustancias contra la voluntad de las personas.
La autoridad judicial consideró que el hecho no era un acto aislado, sino un patrón delictivo planificado con sofisticación. La condena, que deberá cumplir en establecimiento carcelario, busca convertirse en un mensaje de alerta contra modalidades criminales que mezclan engaño, violencia silenciosa y explotación de vulnerabilidades afectivas.
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