El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
La Policía Metropolitana de Bogotá logró la captura de un hombre de 28 años, identificado como alias ‘El Flaco’, señalado como presunto responsable de varios casos relacionados con delitos de extorsión en comercios del barrio Brasilia, ubicado en la localidad de Bosa. El operativo surgió como respuesta directa a las denuncias de comerciantes víctimas de amenazas y exigencias económicas. De acuerdo con los reportes oficiales, las autoridades centraron su investigación en documentar el modus operandi de este individuo, realizando seguimientos que permitieron registrar, en una de las pesquisas, el momento en que el acusado aparentaba realizar llamadas telefónicas mientras fotografiaba los negocios y a sus propietarios.
La investigación cobró fuerza tras la testimonio de una de las víctimas, pieza clave para que la Policía pudiera rastrear las amenazas y ubicar al sospechoso. Según informes recolectados, alias ‘El Flaco’ utilizaba plataformas de mensajería como WhatsApp para exigir sumas que alcanzaban los 5 millones de pesos colombianos, bajo la amenaza explícita de asesinar a quien no accediera a sus demandas. La captura del sindicado se produjo en flagrancia y fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la Nación, según detallaron las fuentes policiales.
El fenómeno de la extorsión en Bogotá presenta matices complejos. Datos recopilados indican que el año 2025 registró una de las cifras más bajas de denuncias por este delito, con un total de 1.910 casos reportados, es decir, una reducción del 20 % respecto al año previo. No obstante, esta aparente disminución requiere un análisis cauteloso. Según declaraciones recogidas por El Espectador, entre 2023 y 2024, los reportes crecieron un 73 %, aunque la administración distrital atribuyó este incremento a campañas de fomento a la denuncia.
Expertos en seguridad, como Hugo Acero, advierten que la extorsión tiende a estar significativamente subreportada, con estimaciones que indican que hasta un 99 % de los casos podría no figurar en las estadísticas oficiales. Además, se calcula que más de la mitad de las extorsiones tienen su origen en centros carcelarios, tanto en Bogotá como en el resto del país.
En cuanto a las modalidades empleadas para extorsionar, el uso de armas es poco común; la forma dominante sigue siendo la llamada telefónica, que en 2024 representó 1.000 denuncias, cifra que descendió a 789 en 2025. La modalidad de extorsión directa mostró la mayor caída, con una reducción del 56 % en las denuncias, mientras que el envío de cartas extorsivas se mantuvo estable en 50 casos anuales. Por otro lado, la extorsión a través de redes sociales fue la única que mostró un aumento, creciendo un 2,7 % entre 2024 y 2025, lo que evidencia un viraje hacia esquemas digitales y plantea nuevos retos para la autoridad.
Si bien las cifras sugieren una tendencia descendente en las denuncias de extorsión, persiste la incertidumbre sobre si esta baja refleja una menor incidencia del delito o simplemente una reducción en la disposición a denunciar por parte de las víctimas.
¿Por qué las víctimas de extorsión suelen no denunciar estos delitos?
La reticencia a denunciar extorsiones es un fenómeno frecuente y preocupante. Varias razones pueden estar detrás de esta conducta, siendo el temor a represalias una de las principales barreras. Muchas víctimas consideran que al acudir a las autoridades ponen en riesgo su integridad y la de sus familias, dado que los extorsionistas pueden incrementar sus amenazas o llevarlas a cabo si perciben que están siendo investigados. Además, la desconfianza en la eficacia de las autoridades y el miedo a que los procesos no resulten en protección o justicia también influyen en la decisión de no informar estos hechos.
Otro factor importante está relacionado con la falta de información sobre los mecanismos para denunciar de manera segura y anónima. La percepción de desamparo ante un sistema judicial que muchas veces parece no ofrecer resultados concretos, sumada a la estigmatización social o el temor de perder la fuente de empleo o de lamentar consecuencias económicas, contribuyen también a que el subregistro en los casos de extorsión sea tan alto.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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