El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Durante la noche del 22 de enero, la ciudad de Bogotá vivió un episodio alarmante que volvió a poner en primer plano la problemática de la seguridad urbana. Según lo reportado, dos sujetos que se desplazaban en motocicleta arrojaron una granada contra un establecimiento nocturno situado en el tradicional barrio Santa Fe, uno de los sectores con más presencia de actividades nocturnas en la capital. Este incidente, ocurrido en una de las horas de mayor afluencia, dejó saldo de una persona fallecida —un hombre de 75 años— y 13 heridos, entre los cuales se encontraban trabajadores del local, transeúntes y clientes. Las autoridades informaron que todos los lesionados permanecen fuera de peligro; sin embargo, cinco de ellos requieren cirugías debido a la gravedad de sus heridas.
El suceso sumó otro capítulo a la serie de ataques con explosivos que se han registrado en diferentes zonas de Bogotá, confirmando una tendencia preocupante. El uso de granadas, en particular, se ha vuelto una táctica recurrente para infundir miedo y asegurar control territorial por parte de agrupaciones delictivas. De acuerdo con los informes oficiales, esta modalidad se asocia no solo a enfrentamientos entre bandas, sino también a mecanismos de presión y represalia contra comerciantes o trabajadores que se rehúsan a acceder a pagos extorsivos exigidos por organizaciones criminales como Los Satanás, el Tren de Aragua y Los Maracuchos, estos últimos señalados como principales sospechosos del atentado ocurrido en Santa Fe.
La presencia en el barrio de una estructura conocida como Los Maracuchos ha sido señalada como el origen del ataque, tras investigaciones preliminares realizadas por la policía. El supuesto cabecilla, identificado con el alias de Maracucho, habría ordenado el atentado, aunque hasta el momento no se cuenta con una versión oficial sobre los móviles exactos. La continuidad de este tipo de hechos en barrios como San Bernardo, Tunjuelito, Fontibón, Kennedy y el propio Santa Fe, evidencia lo extendida que está la violencia asociada al control de actividades económicas clandestinas y al cobro sistemático de extorsiones.
Los antecedentes recientes le han dado aún más gravedad al fenómeno. Datos recopilados muestran que desde 2023 la frecuencia de ataques similares ha crecido. El 20 de junio de ese año, un bar del barrio Venecia, en Tunjuelito, fue blanco de un artefacto explosivo; solo semanas después, el 6 de julio, un ataque similar ocurrió en la zona de moteles de Fontibón. En ambos episodios, las autoridades identificaron como causa común la existencia de amenazas relacionadas con extorsión.
Este patrón recurrente sugiere que los atentados con granadas no son hechos aislados, sino parte de estrategias sistemáticas desarrolladas por redes criminales que buscan consolidar su dominio territorial y fortalecer sus mecanismos de presión sobre la ciudadanía y sectores económicos formales e informales. El creciente temor ciudadano por la capacidad y osadía de estas organizaciones continúa siendo uno de los grandes retos para la seguridad pública en la capital.
¿Qué acciones están tomando las autoridades para enfrentar el uso de explosivos en Bogotá?
El uso de explosivos como herramienta de intimidación y control criminal plantea preguntas urgentes sobre la respuesta institucional frente a la escalada de violencia en Bogotá. La ciudadanía y los sectores afectados exigen estrategias efectivas, mayor presencia policial y resultados que frenen el avance de bandas que recurren a métodos tan letales.
Según lo reportado en cada uno de estos casos, las autoridades suelen atribuir los atentados a disputas o retaliaciones entre estructuras delictivas, e informan sobre operativos investigativos. Sin embargo, la ausencia de versiones oficiales claras sobre los móviles y cabecillas, como sucede con el reciente ataque en Santa Fe, ha suscitado cuestionamientos sobre la efectividad de las estrategias actuales. La expectativa sigue centrada en que el fortalecimiento de la capacidad investigativa y la acción coordinada permitan recuperar la tranquilidad en sectores vulnerables de la ciudad.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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