La reunión entre los mandatarios duró 45 minutos y permitió reactivar las negociaciones sobre el programa nuclear de Pyongyang, “en las próximas dos o tres semanas”, agregó la agencia. 

Y es que el tema de la desnuclearización de Corea del Norte ha sido un obstáculo para el acercamiento entre ambos países. Washington exige que Pyongyang renuncie definitivamente a su programa nuclear para que se levanten las sanciones internacionales, opción que el país de Kim Jong Un descarta de plano.

“Aunque el encuentro difícilmente resuelva las divergencias entre Washington y Pyongyang, posee una carga simbólica insoslayable para dos naciones que hace apenas dos años hablaban de aniquilación y destrucción”, añadió AFP, luego de consultar analistas.

El encuentro entre los dirigentes se da más de un año después de su primera cumbre en Singapur. Esta vez su reunión fue en un lugar emblemático, la Zona Desmilitarizada (DMZ), que separa las dos Coreas desde el final de la guerra de Corea (1950-53).

Acompañado por el líder de Pyongyang, el magnate estadounidense cruzó la línea de demarcación que materializa la frontera y dio varios pasos en territorio norcoreano, antes de dar media vuelta.

Ambos posaron luego para los fotógrafos detrás de la línea de demarcación, en el pueblo de Panmunjom, donde fue firmado el armisticio de 1953.

“Es un gran día para el mundo”, dijo el gobernante de Estados Unidos, afirmando sentirse “orgulloso de haber cruzado esa línea”. Por su parte, Kim Jong Un dijo esperar “superar los obstáculos” gracias a su relación “maravillosa” con Trump, citó la agencia.

“El hecho que los dos países, a pesar de una larga relación de hostilidades, puedan estrecharse las manos por la paz en un lugar que simboliza la división (…) demuestra que el presente es mejor que el pasado”, destacó el líder norcoreano.

Cabe mencionar que el presidente norteamericano también anunció que había invitado a su homólogo norcoreano a Estados Unidos, pero sin precisar la fecha. “Esto se hará en algún momento”, se limitó a comentar.