A Price, de 46 años, lo declararon muerto a las 7:31 p. m. (hora local) luego de recibir una inyección letal en la prisión Holman de Atmore en el estado de Alabama, según informó el Departamento de Correcciones de Alabama.

Sus últimas palabras fueron: “Un hombre es mucho más que su peor error“.

Price tenía 19 años cuando la noche del 22 de diciembre de 1991 decidió robar la vivienda de los Lynn con su cómplice Kelvin Coleman, que había trabajado para el reverendo.

Lynn estaba envolviendo los regalos de Navidad de sus nietos cuando se fue la luz de la vivienda, ubicada en el condado Fayette, al oeste de Birmingham.

Cuando el reverendo salió de la vivienda para revisar la caja de electricidad, Price lo atacó con una espada y un cuchillo, provocándole más de 30 heridas que fueron la causa de su muerte antes de que pudiese llegar al hospital.

La esposa de Lynn, Bessie, presenció lo ocurrido desde la ventana de su habitación en el segundo piso del domicilio.

Tras deshacerse del reverendo, Price y Coleman le pidieron a la mujer que les entregase el dinero, las joyas y las armas que tenía en la vivienda.

A Price lo detuvieron días después en el estado de Tennessee y en 1993 fue condenado a muerte por un jurado. Coleman, por su parte, cumple la pena de cadena perpetua a la que fue condenado tras alcanzar un pacto con la fiscalía.

Antes de su ejecución, Price pidió al estado que le sirviese como última cena dos litros de helado de pastel de tortuga, un postre de EE. UU. con caramelo, nueves, galleta y chocolate.

Christopher Price fue el tercer preso ejecutado este año en Alabama y el noveno en todo el país. Desde que el Tribunal Supremo restituyó la pena de muerte hace cuatro décadas, 1.499 presos han sido ejecutados en Estados Unidos, 66 de ellos en Alabama.