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Una llamada telefónica bastó para desmontar meses de escalada retórica entre Donald Trump y Gustavo Petro, que ahora están listos para retomar una de las relaciones más sólidas del continente americano, la amistad entre Estados Unidos y Colombia, cuando se reúnan este 3 de febrero en la Casa Blanca.
Ha sido un camino espinoso para llegar hasta este punto. Desde que el magnate republicano regresó a la Oficina Oval, ambos líderes se han dedicado una amplia seria de insultos, chocando en torno a temas que van desde la lucha contra el narcotráfico hasta la guerra entre Israel y Hamás, pasando por las posiciones sobre Venezuela y hasta la política ambiental.
Historia de un desencuentro
Todo comenzó en los primeros días del Gobierno de Trump, cuando Petro se negó a recibir vuelos de repatriados, en medio del impulso de republicano a su meta de lograr la “deportación masiva más grande de la historia”.
El presidente colombiano exigió un trato “digno” para los inmigrantes expulsados y Trump respondió amenazando a Colombia con aranceles de 25% sobre sus productos y revocando las visas de varios miembros del Gobierno de Bogotá.
Fue la primera vez que Petro dio marcha atrás, decidió aceptar los vuelos (aunque solo se concretaron dos) y a cambio Trump bajó el arma de los aranceles.
Pero los enfrentamientos continuaron, con Petro criticando la agenda climática “antihumanidad” de Trump y calificando de “nazis” sus políticas migratorias, y Washington descertificando la lucha antidrogas de Colombia, aunque la medida no cortó la ayuda financiera para combatir los cultivos y el tráfico.
Días después, en una actividad al margen de la Asamblea General de la ONU en septiembre, Petro se unió a las protestas a favor del pueblo palestino en Nueva York. Luego acusó a Trump de ser “cómplice de genocidio” por su apoyo a los ataques de Benjamin Netanyahu en Gaza y llamó a los militares estadounidenses a desobedecer órdenes ilegales de sus superiores.
Una semana después, su visa era revocada y el Departamento del Tesoro emitía sanciones contra él, su esposa, Verónica Alcocer, sus hijos y su ministro del Interior, Armando Benedetti, por “su implicación en el comercio global ilícito de drogas“.
Los choques no hicieron sino agravarse cuando la enorme acumulación de fuerzas navales de la operación Lanza del Sur, supuestamente destinada a combatir las rutas de tráfico de drogas en el Caribe, dirigió sus “ataques cinéticos” contra lanchas en el Caribe colombiano.
Petro denunció que las fuerzas de Trump habían “cometido asesinatos y violado nuestra soberanía en aguas territoriales” y ordenó suspender el intercambio de información de inteligencia con Estados Unidos, una postura en la que coincidió con Reino Unido.
El clímax llegó cuando militares estadounidenses extrajeron al presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero de Caracas y, ante los cuestionamientos de Petro, Trump amenazó con que el colombiano podría correr la misma suerte, y este le respondió convocando marchas de protesta y explorando la posibilidad de “retomar las armas” para defenderse.
Hoy veré si las palabras en inglés de Trump se traducen como dice la prensa nacional. Por tanto, más tarde las responderé hasta saber lo que significa realmente la amenaza ilegítima de Trump.
En cuanto al señor Rubio que desliga autoridades del presidente y dice que el…
— Gustavo Petro (@petrogustavo) January 5, 2026
Una llamada telefónica el 7 de enero rebajó inesperadamente las tensiones, con Trump definiendo como “un honor” su conversación con Petro e invitándolo a visitarlo en Washington.
Pero las armas no están depuestas del todo. Petro, uno de los pocos líderes de izquierda que persiste en una América Latina cada vez más susceptible al impulso de Trump hacia la derecha, ha seguido insistiendo en que Maduro sea devuelto para ser “juzgado en Venezuela” (donde no tiene causas pendientes) y pidiendo garantías para una visita que lo encuentra con la visa revocada.
Un escenario revuelto
Es en la diatriba justamente donde más prospera Petro, pero esta vez tendrá que calcular qué le conviene más: si calmar las aguas o mantenerlas agitadas en medio de tensiones internas y regionales que van mucho más allá de su relación con Washington.
Pese a la retórica incendiaria de ambos líderes, la relación de cooperación entre Estados Unidos y Colombia sigue siendo de las más fructíferas de la región.
La colaboración con la DEA ha permitido a Colombia lograr incautaciones récord de cocaína, con 446 toneladas decomisadas en 2025, a razón de más de una tonelada al día, según cifras oficiales del ejército colombiano, que también afirma haber destruido 3000 instalaciones destinadas a la producción de drogas.
La DEA, que mantiene en Colombia su operación internacional más grande, ha encomiado repetidamente la formación y el funcionamiento de la unidad especializada antidrogas de ese país, DIRAN.
Estados Unidos es el principal socio comercial de Colombia, absorbiendo el 30% de las exportaciones del país suramericano. Además, la relación refleja el tan ansiado superávit que Trump tanto ha perseguido a través de sus “aranceles recíprocos”, pues la balanza comercial favorece al gigante del norte.
Son conquistas que ambos líderes probablemente tratarán de cuidar cuando se encuentren en Washington, sobre todo porque los dos tienen la casa en llamas con procesos electorales en puertas.
Trump está cerca de un cierre parcial de su Gobierno, luego de que se estancara en el Senado un acuerdo para destrabar su plan de gastos, en medio de las objeciones de demócratas y republicanas sobre su agresiva política migratoria, que ha causado la muerte de dos ciudadanos estadounidenses este año.
En mínimos alarmantes de popularidad, el magnate enfrentará este año unas elecciones de mitad de mandato en las que se arriesga a perder su precaria mayoría en la Cámara de Representantes.
Para el suramericano, la situación es aún más delicada, porque en marzo tendrá elecciones legislativas y en mayo la primera vuelta de unas elecciones presidenciales en las que intenta apuntalar la opción del progresista Iván Cepeda, en un escenario de división de la derecha y debilidad del centro.
Pero Petro atiende muchos otros incendios a la vez, como la suspensión provisional de su decreto de emergencia económica por parte de la Corte Constitucional (un movimiento con el que pretendía responder al rechazo de su reforma fiscal en el Congreso) o el conflicto comercial con Ecuador, un cercano aliado de Estados Unidos.
El 21 de enero, el presidente Daniel Noboa anunció la imposición de un “cargo comercial”, un arancel de 30% a los productos colombianos, argumentando el déficit comercial (que el Banco Central ecuatoriano calculó en 838 millones de dólares en octubre de 2025) y la falta de acuerdos en la lucha antidrogas.
Un día después, Bogotá respondió anunciando la suspensión de la venta de electricidad a Ecuador y la imposición de un gravamen de 30% a las exportaciones meridionales hacia Colombia.
Petro desmintió en X que hubiera diferencias en la cooperación antidrogas. “Espero que Ecuador haya estado agradecido, cuando nos ha necesitado, por haber actuado con energía y solidaridad”, escribió, luego de citar la incautación de 200 toneladas métricas de narcóticos en la frontera común.
De parte de Petro, y a pesar de los vaivenes retóricos, parecen estarse dando los pasos para una reunión exitosa, con acciones como la reanudación de los vuelos de repatriación desde Estados Unidos, interrumpidos desde hace casi un año.
“Es una reunión clave, fundamental, determinante, no solo de mi vida personal, sino de la vida de la humanidad”, afirmó Petro durante un acto en la Casa de Nariño el 27 de enero.
Mi intervención en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026.
Si queremos rehacernos, miremos a América Latina y el Caribe como una civilización. Hagamos un pacto entre nosotros, juntemos regiones, no países fragmentados.
Entonces seremos lo que somos:… pic.twitter.com/bhfTfWmxkZ
— Gustavo Petro (@petrogustavo) January 28, 2026
Un día después, durante su participación en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, había prometido trasladar a Trump un mensaje “de libertad, a ver si el mensaje de Washington y de Bolívar se restablece y es la base de un pacto de las Américas por la vida y la libertad”.
La canciller colombiana Rosa Villavicencio anticipó que en Washington se abordarán aspectos de interés común como “la lucha contra el crimen organizado transnacional, especialmente en frontera, los asuntos de seguridad regional y las oportunidades conjuntas en materia económica”.
Está por verse si otros temas que han generado discordia, como las posiciones encontradas en torno a la detención de Nicolás Maduro, pesan más que el propósito de limar asperezas y lograr la “recomposición gradual” de relaciones, por la que aboga la Cámara de Comercio Colombo Americana.
Con Reuters y EFE
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