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“Déjenme decirles que hemos ganado. Nunca hay que cantar victoria demasiado pronto (pero) hemos ganado.” Estas palabras son de Donald Trump y fueron pronunciadas el pasado miércoles 11 de marzo mientras se refería a la guerra en Medio Oriente durante un mitin electoral en Kentucky, en el este de Estados Unidos.
Sin embargo, el líder de la Casa Blanca–quien insiste en que no duda del éxito de los ataques israelí-estadounidenses contra Irán desde hace casi dos semanas– matizó su declaración:
“Tenemos que terminar el trabajo(…) No queremos tener que volver a hacerlo cada dos años”, subrayó.
Detrás de ese discurso triunfalista, el mandatario estadounidense tiene dificultades para ocultar otra realidad que se ha ido imponiendo desde el 28 de febrero, fecha en que lanzó la guerra junto a Israel: el republicano y sus asesores subestimaron la magnitud de la respuesta iraní a los ataques de los dos aliados, remarca un artículo del diario ‘The New York Times’.
Para empezar, se equivocaron al evaluar el estado del poder conservador en Irán.
Un poder diseñado para sobrevivir
“Donald Trump subestimó la resiliencia de Teherán: pensaba que la organización del poder en Irán era estrictamente piramidal y que al cortar su cabeza —el ayatolá Ali Khamenei— el régimen caería automáticamente”, explica el geopolitólogo Dominique Moïsi, autor del libro ‘Le Triangle des passions du monde: comprendre le chaos qui vient’ o ‘El triángulo de las pasiones del mundo: comprender el caos que se avecina’.
“En realidad, la estructura del poder iraní es tan horizontal como vertical; funciona en red. Es un poder creado para sobrevivir, que sabía que estaba amenazado por Estados Unidos e Israel y se organizó en consecuencia.”
Teherán parecía ya preparado para una continuidad del poder incluso antes del inicio de la guerra en Medio Oriente: pocos días después del asesinato selectivo de Alí Jamenei, uno de sus hijos, Mojtaba Jamenei, fue nombrado para sucederlo como líder supremo.
La elección de una de las figuras más influyentes de la República Islámica también parece un desafío directo a Donald Trump, quien aún la semana pasada estimaba que debía participar en la elección del próximo dirigente iraní.
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“La Administración Trump no tuvo en cuenta toda la inteligencia”
Es probable que el mandatario estadounidense y su entorno subestimaran la respuesta militar a los ataques lanzados junto a Israel desde el 28 de febrero. “Se subestimó la capacidad de resistencia y planificación de Irán”, explica Maud Quessard, especialista en política exterior estadounidense.
“Mientras que la Administración Trump no consideró toda la información de inteligencia, los documentos y las proyecciones de escenarios que se habían elaborado durante años sobre Irán, los iraníes, por otro lado, estaban completamente preparados para esta operación; habían preparado toda su respuesta”, destaca el experto.
Trump y sus asesores restaron así importancia al impacto regional y global de la respuesta de Teherán con respecto al gas y el petróleo. Si bien casi el 20% del gas natural licuado y el crudo del mundo transitan por el estrecho de Ormuz, Irán ha bloqueado de facto esta crucial vía de acceso al Golfo Pérsico durante varios días, un paso vital tanto para las monarquías exportadoras de petróleo como para los países asiáticos importadores de hidrocarburos.
El diario ‘The New York Times’ reportó que diez días antes del inicio del conflicto actual, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, declaró que no le preocupaba que la inminente guerra pudiera interrumpir el suministro de petróleo en Medio Oriente y causar estragos en los mercados energéticos.
Sin embargo, el precio del crudo Brent se ha disparado desde el 28 de febrero, pasando de 72 a más de 101 dólares al momento de redactar este informe. Y es improbable que esta tendencia se revierta pronto, ya que la Guardia Revolucionaria iraní prometió el pasado jueves 12 de marzo mantener cerrado el estrecho de Ormuz, a petición del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei.
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El factor militar: el papel de los drones
Esta situación ha dejado a cientos de barcos bloqueados a la entrada y salida del Golfo Pérsico. Teherán ha calificado de “objetivos legítimos” a los petroleros pertenecientes a Estados Unidos, Israel y sus aliados.
“Hubo una subestimación de la capacidad de daño de Irán en el plano militar”
Durante las últimas dos semanas, algunos de los pocos barcos que intentaron cruzar el estrecho fueron alcanzados por drones.
Según Dominique Moïsi, este es otro aspecto de la respuesta iraní que probablemente estuvo mal evaluado por Donald Trump. “Hubo una subestimación de la capacidad de daño de Irán en el plano militar. Los estadounidenses no sacaron lecciones de la guerra en Ucrania y del papel igualador que tienen los drones en el campo de batalla”, destaca.
Los drones permiten que una potencia más débil pueda resistir frente a una más fuerte.
Falta de anticipación y “hubris”
Desde el inicio de los ataques de Israel y EE. UU., Teherán también ha intensificado embestidas con drones y misiles contra países vecinos.
Entre los objetivos se encuentran depósitos de hidrocarburos y campos petroleros en Arabia Saudita, Omán y Bahrein.
“Este conflicto puede afectar la relación de confianza entre Donald Trump y sus aliados del Golfo”, enfatiza Maud Quessard.
“Estados Unidos les había prometido protección militar y ahora esos países —que albergan las mayores bases militares estadounidenses— están siendo atacados”.
Donald Trump también subestimó este aspecto de la respuesta iraní”. Dominique Moïsi coincide: “El presidente estadounidense no pensó que Irán se arriesgaría a atacar países árabes musulmanes”, afirma el geopolítico.
Aunque Donald Trump no lo admita directamente, el Pentágono reconoce a regañadientes que no anticipó todas las consecuencias cuando atacó a Irán. “El régimen iraní cometió un grave error al atacar a sus vecinos de entrada (…) No puedo decir que anticipáramos específicamente esta reacción, pero sabíamos que era una posibilidad”, admitió el secretario de Defensa, Pete Hegseth —cargo rebautizado por Trump como secretario de Guerra— durante una conferencia de prensa el martes 10 de marzo.
Pero el alcance de la respuesta iraní podría ampliarse aún más en las próximas semanas. La presencia de minas —aún no confirmada— en el estrecho de Ormuz dificultaría aún más el paso de los barcos a medio plazo. Irán también podría atacar los sectores bancario y financiero mediante ataques a edificios de servicios críticos en las principales capitales del Golfo. Esta semana, la agencia de noticias iraní Tasnim citó esta semana a Amazon, Google, Microsoft, IBM, Oracle y Nvidia como “futuros objetivos” de Teherán.
¿Por qué Trump inició la guerra en curso?
Este es el mayor interrogante de fondo.
Los expertos destacan que al actual inquilino de la Casa Blanca “le gusta correr riesgos. Si su operación militar tiene éxito, sería ante todo una victoria para él y su electorado”, explica Maud Quessard.
En segundo lugar, y en caso de resultados reales, sería un éxito a largo plazo: mientras que las administraciones anteriores no lograron resolver el problema iraní ni derrocar al régimen de los ayatolás, Donald Trump aspira a conseguir lo que sus predecesores no obtuvieron.
Para Dominique Moïsi, la actitud del gobernante de EE. UU. “se puede resumir en una palabra”: arrogancia, un orgullo que lleva al exceso. Y el geopolítico concluye: “El objetivo de Irán es que Estados Unidos se canse de esta guerra, declare que ha alcanzado sus objetivos y deje al régimen iraní en el poder”
Pero entre las bombas estadounidenses e israelíes, por un lado, y el régimen aún en el poder, por el otro, sería “un doble golpe para el pueblo iraní”.
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