Según la policía de Indonesia, los restos son sustraídos por familiares que quieren enterrarlos según ritos tradicionales.

Esta semana fueron detenidas 33 personas tras haber tomado por asalto varios hospitales de Makassar, en la isla de las Célebes, y conseguir llevarse por la fuerza los cadáveres que iban a ser enterrados según normas sanitarias para evitar la propagación del virus.

Los familiares o allegados quieren recuperar los cuerpos de las víctimas del virus para enterrarlos “normalmente”, indicó un portavoz de la policía del lugar, Ibrahim Tompo. 

Estas personas consideran “inhumanos” los entierros efectuados por las autoridades ya que las familias no están autorizadas a ver los cuerpos ni a tocarlos.

Según las normas medioambientales del país, los cuerpos de las víctimas del virus deben ser envueltos en plástico y enterrados rápidamente para prevenir cualquier contaminación.

Ello significa que los ritos funerarios practicados por los musulmanes en el archipiélago, como el lavado íntegro del cuerpo por los familiares, no pueden ser respetados.

En los cementerios, las familias deben despedirse de la víctima de forma rápida, y no tienen tiempo para llevar a cabo sus ritos u oraciones.

Indonesia, el mayor país musulmán del mundo, cuenta más de 36.000 personas contaminadas por el coronavirus y más de 2.000 muertos por el COVID-19.

Sin embargo, los científicos consideran que estas estadísticas están muy subestimadas pues el país tiene uno de los índices de test más bajos del mundo.