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Desde el día uno de su segundo mandato como presidente de la potencia más importante del mundo, Donald Trump demostró su disposición para romper la inercia del sistema internacional. La lógica de la globalización se mostró obsoleta para un mandatario dispuesto a barajar y dar de nuevo el orden basado en reglas establecidas con el Consenso de Washington.
El multilateralismo, la deslocalización de la producción manufacturera, los estatutos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el derecho internacional se convirtieron en conceptos vacíos para la narrativa del magnate, mientras el imperio de los aranceles recíprocos funcionó como un golpe en la mesa para establecer las bases del nuevo diálogo internacional.
Los conflictos bélicos en Ucrania y Medio Oriente también marcaron el punto de partida de la segunda experiencia trumpista al mando de la Casa Blanca. Tal como había anunciado, su perfil marcó diferencias con su antecesor.
Sin embargo, “creo que el presidente Donald Trump dejó muy claro desde su primer mandato, aunque no lo parezca, que la política exterior y las relaciones internacionales fuera del continente americano no le son tan relevantes”, destacó Daira Arana, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM), en referencia a su mirada a casos como el de Venezuela o sus presiones a México, Brasil o Colombia..
No obstante, desde Argentina, Gabriel Merino, analista y profesor de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), describió una síntesis entre los sectores políticos que conforman el espacio de Donald Trump: “Hay un mix entre la agenda ‘neocon’ que venía del Gobierno de (George) Bush, y que lo podemos ver en su enfrentamiento con Irán, en su política en Medio Oriente de cambio de régimen, en la búsqueda de controlar recursos; pero después está toda la otra parte de ‘Make America Great Again‘ (Hacer a EE. UU. grande otra vez) de giro nacionalista, que observa mucho más el unilateralismo estadounidense y que, yo creo, que es parte de una respuesta al declive relativo de Estados Unidos”.
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Ucrania, una cuestión de costos
El 28 de febrero de 2025, Volodímir Zelenski arribó a la Casa Blanca para concretar su primera reunión con el líder de la potencia del norte. No era un terreno desconocido para el ucraniano, Joe Biden lo había recibido en múltiples oportunidades para sellar su apoyo armamentístico con el objetivo de enfrentar la invasión ordenada por el Kremlin.
Cerca del mediodía, el mandatario del país en guerra estrechó sus manos con el anfitrión y dio lugar a las fotografías de rigor. Todo parecía funcionar de acuerdo a los protocolos diplomáticos habituales, hasta que el presidente de EE. UU. interrumpió a su invitado cuando conversaban ante los ojos de la prensa internacional en el Despacho Oval: “No estás siendo agradecido. No es algo agradable”, le dijo el magnate ante los ojos del mundo.
Las cumbres posteriores entre ambos mandatarios dejaron ver una recomposición del vínculo, pero el altercado inicial dejó una huella ante los analistas internacionales. “Hemos visto un giro interesante de intentar terminar con el conflicto. Rusia está buscando una cesión territorial y que Ucrania no sea parte de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Así, sería el gran perdedor”, sostuvo la analista mexicana Daniela González Iza, directora del Programa de Licenciatura en Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey.
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Desde la perspectiva de Merino, la situación en el frente es uno de los factores fundamentales en la concepción de Trump: “Entiende que ese conflicto ya está perdido, que es difícil revertir el resultado actual y que, incluso, intentar revertirlo genera demasiados costos, más costos que beneficios. Estados Unidos le quiere transferir los costos del conflicto en Ucrania a Europa, siendo uno de los que los propició. Fue el propio Gobierno de Trump el primero que envió armas usadas a Ucrania para el conflicto que tenía en el Donbass”.
En contraste: alfombra roja, sonrisas, entusiasmo. Los gestos de la Administración republicana para recibir al presidente ruso, Vladimir Putin, en Alaska se constituyeron en la antítesis de la primera visita del líder ucraniano y, aunque luego lo criticó en varias ocasiones, el republicano nunca ocultó su sintonía con el titular del Kremlin. “Si bien él (Donald Trump) quiere mantener este liderazgo, sobre todo más simbólico, por todo lo que implicaría resolver un nuevo conflicto, no quiere aportar dinero ni armas porque, además, lo pone en una situación de enemistad con el Gobierno ruso, a quien, en el sentido personal, le tiene buena estima a Vladimir Putin”, apuntó Arana.
A esta postura del presidente de Estados Unidos sobre Ucrania se suman sus principios, esgrimidos en su Estrategia de Seguridad Nacional, publicada a finales de 2025. Según este documento, Europa se encuentra en una “crisis civilizacional” provocada por la migración y las regulaciones del bloque comunitario. Un planteamiento que se completa con la exigencia de que el Viejo Continente asuma su propia seguridad y aumente al 5% del PBI el presupuesto de defensa en la OTAN.
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Precaria paz en la Franja de Gaza y tensión con Irán
El comienzo de la segunda era de Donald Trump al frente de la Casa Blanca también estuvo marcado por la tensión en Medio Oriente y la condena internacional a la situación humanitaria en la Franja de Gaza, provocada por las acciones de Israel. El intercambio de los rehenes, que aún permanecían retenidos en el enclave, por prisioneros palestinos y la ratificación del denominado “plan de paz” redactado en Washington no garantizaron plena calma en la región, pero marcaron un punto de inflexión y le dieron un precario respiro a la asediada población civil.
En el análisis de los especialistas, la tensión con Irán persiste: “Los problemas que le interesan a Israel van a seguir siendo los problemas que le interesan a Donald Trump. A Israel no le interesa el conflicto en Ucrania, le interesa lo que sucede en Irán. Lo estamos viendo en estos días”, analizó Daira Arena.
En este punto, la ruptura del Acuerdo Nuclear con Irán en 2018 plantea una cuestión central: “Aunque (Donald Trump) no quiere una guerra total con Irán, su política contrasta muy fuertemente con la de (Joe) Biden y con el ‘globalismo’, que buscaba un acuerdo para que saliera de ese bloque emergente con Rusia y China”, subrayó Merino, y destacó que en la región “las tendencias son contrarias a Estados Unidos, por más que ahora puedan obtener resultados importantes”. Desde su mirada, la incorporación de Irán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Arabia Saudita a los BRICS (el grupo de países emergentes que incluye a China o Rusia para desafiar el dominio occidental) y las negociaciones para que Turquía sea socio de este grupo son indicadores del peso creciente de China en la región.
El control de los recursos naturales y energéticos, el predominio sobre las vías navegables y la delimitación de zonas de influencia también se configuran como asuntos fundamentales para la estrategia de Estados Unidos en Medio Oriente. Daniela González Iza lo ejemplifica con la importancia del estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural licuado global.
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Venezuela: una doctrina en marcha
El 3 de enero de 2026 parecía encontrar a Caracas con la calma típica del posfestivo y de una gran ciudad afectada por el éxodo vacacional de muchos de sus habitantes. Las primeras detonaciones que se comenzaron a escuchar a 1:50 hora local se confundieron con los resabios de la pólvora usada para recibir el nuevo año, pero bastaron pocos minutos para que la población caraqueña se diera cuenta de un hecho que será recordado. Por primera vez en la historia, Estados Unidos bombardeó una capital suramericana y, al capturar a su presidente, confirmó muchas de las sospechas que se habían diseminado con el despliegue de sus tropas y los ataques a embarcaciones en el Caribe.
Si bien la consolidación y la legitimidad otorgada a Delcy Rodríguez por parte de Donald Trump provocó sorpresa en la oposición venezolana, también quedó demostrado que los postulados de la Administración republicana en la Estrategia de Seguridad Nacional no eran solo letra escrita. “El mensaje es ‘la región es mía’. Lo dicen explícitamente: ‘nuestro hemisferio occidental, nuestra región’. El mensaje es también lo que está explícito en el documento de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional: se puso en marcha el corolario Trump de la doctrina Monroe. O sea, América para los norteamericanos o para los estadounidenses, como sea y a la fuerza”, analizó Merino.
A los bombardeos en Caracas le siguieron las advertencias del republicano sobre la posibilidad de extender las operaciones bélicas en Colombia y México. Acciones y declaraciones que condicionan las negociaciones con presidentes progresistas como Luiz Inácio Lula da Silva, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro, mientras intenta apuntalar a Javier Milei, Daniel Noboa y Nayib Bukele como sus aliados en la región.
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