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Desde su regreso a la Casa Blanca en enero, Donald Trump ha dado un giro radical a siete décadas de política estadounidense en favor de un comercio cada vez más libre. Ha impuesto aranceles de dos dígitos a las importaciones procedentes de casi todos los países del mundo, además de seleccionar sectores específicos, como el acero y el automóvil, para aplicarles gravámenes propios.
Los críticos advierten de que elevar los aranceles a niveles no vistos desde la Gran Depresión corre el riesgo de alimentar la inflación y socavar las industrias estadounidenses.
Canadá rompió con Estados Unidos el 16 de enero al reducir su impuesto del 100 % sobre las importaciones de vehículos eléctricos chinos, a cambio de aranceles más bajos sobre los productos agrícolas canadienses, en particular las semillas de canola.
“Es una gran declaración de reajuste en las relaciones económicas de Canadá”, afirmó Edward Alden, que estudia cuestiones comerciales como investigador principal del Consejo de Relaciones Exteriores. “Los canadienses perciben ahora la amenaza económica de Estados Unidos como mucho mayor que la amenaza económica de China. Por lo tanto, esto es algo muy importante”.
Canadá ha sido repetidamente blanco de la ira de Trump. En octubre, por ejemplo, dijo que iba a imponer un arancel del 10 % a las importaciones canadienses como represalia por la emisión de un anuncio por parte del gobierno provincial de Ontario en el que se criticaba la herramienta diplomática favorita del presidente: los aranceles.
No llevó a cabo el aumento, pero los aranceles sobre algunos sectores clave canadienses, como el acero y el aluminio, siguen vigentes.
El acuerdo con China es potencialmente peligroso para el primer ministro de Canadá, Mark Carney, que se arriesga a sufrir represalias por parte de Trump antes de las negociaciones sobre la renovación del Tratado de Libre Comercio T-MEC entre Estados Unidos, México y Canadá, que es crucial para las empresas canadienses.
Pero Canadá no es el único que busca alternativas al gigantesco mercado estadounidense, ya que Trump impone enormes aranceles a las importaciones en un intento de obligar a otros países a trasladar su producción a Estados Unidos.
El superávit récord de China
La Unión Europea firmó formalmente este 17 de enero un pacto comercial con la alianza sudamericana conocida como Mercosur, que incluye a las dos economías más grandes de la región, Brasil y Argentina y también está negociando un acuerdo comercial con la India.
China, golpeada por los aranceles estadounidenses desde el primer mandato de Trump, también ha diversificado sus exportaciones, alejándose de la mayor economía del mundo hacia mercados como Europa y el sudeste asiático.
Parece que está funcionando. El superávit comercial de China con el resto del mundo alcanzó un récord de 1,2 billones de dólares en 2025, según informó el 14 de enero el Gobierno chino, a pesar de la caída de las exportaciones a Estados Unidos.
Trump afirma que los aranceles recaudarán fondos para el Tesoro, protegerán las industrias estadounidenses y atraerán inversiones al país. El 15 de enero, Taiwán acordó invertir 250.000 millones de dólares en Estados Unidos, a cambio de que Trump redujera los aranceles sobre sus productos del 20 % al 15 %.
Sin embargo, el uso de los aranceles por parte del presidente estadounidense ha sido a menudo arbitrario e impredecible.
Por ejemplo, se cebó con Brasil por procesar a su aliado, el expresidente brasileño Jair Bolsonaro y este 17 de enero materializó su amenaza de imponer aranceles a los países que no apoyen sus esfuerzos por arrebatar el control de Groenlandia a Dinamarca.
La apuesta de Carney
El acuerdo del 16 de enero en Beijing supone un giro en la política canadiense. En 2024, este país siguió el ejemplo de Estados Unidos e impuso aranceles del 100% a los vehículos eléctricos procedentes de China, reflejando el temor a que los coches chinos baratos arrollaran a los fabricantes de automóviles norteamericanos.
Pero el acuerdo con China beneficia a Canadá. En primer lugar, sus productores de canola necesitan mercados de exportación, y este pacto reduce los aranceles de China sobre esta planta del 84 % al 15 %. Los productores aclaman el nuevo pacto comercial como una gran noticia que podría restablecer las exportaciones de este importante cultivo.
En segundo lugar, la administración Trump, que favorece los combustibles fósiles frente a la energía verde, “se muestra activamente hostil a la producción de vehículos eléctricos en Norteamérica”, afirmó la economista Mary Lovely, investigadora principal del Peterson Institute for International Economics.
La oposición de Estados Unidos “amenaza con dejar obsoleta la industria (automovilística) norteamericana en el futuro, a medida que China avanza con rápidas mejoras en la calidad de las baterías y la electrónica para vehículos eléctricos”, afirmó.
“Las fortalezas de China en el sector de los vehículos eléctricos son innegables”, afirmó Carney el 16 de enero. “China produce algunos de los vehículos más asequibles y eficientes energéticamente del mundo. Y para que Canadá pueda construir su propio sector competitivo de vehículos eléctricos, necesitamos aprender de socios innovadores, acceder a sus cadenas de suministro y aumentar la demanda local”.
Pero el acercamiento económico de Carney a Pekín supone una apuesta arriesgada.
“Esto fue algo extraordinariamente difícil para Carney”, afirmó Alden. “Las relaciones entre Canadá y China han sido extremadamente tensas”.
En 2018, China detuvo a dos canadienses en represalia por la detención en Canadá de un ejecutivo de la empresa tecnológica china Huawei a petición de Estados Unidos. Los tres fueron liberados en un intercambio en 2021. Canadá también inició hace tres años una investigación para determinar si China interfirió en las elecciones canadienses de 2019 y 2021.
El acuerdo ya ha suscitado críticas por exponer a los trabajadores canadienses del sector automovilístico a la competencia de los vehículos eléctricos chinos de bajo precio. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, al frente de la provincia que es el centro de la producción automovilística canadiense, criticó duramente el acuerdo.
Make no mistake: China now has a foothold in the Canadian market and will use it to their full advantage at the expense of Canadian workers.
The federal government is inviting a flood of cheap made-in-China electric vehicles without any real guarantee of equal or immediate…
— Doug Ford (@fordnation) January 16, 2026
“No nos equivoquemos: China ahora tiene un punto de apoyo en el mercado canadiense y lo utilizará en su beneficio, a expensas de nuestros trabajadores”, publicó Ford en las redes sociales.
“Peor aún, al reducir los aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos, este acuerdo desigual corre el riesgo de cerrar la puerta a los fabricantes de automóviles canadienses al mercado estadounidense, nuestro mayor destino de exportación”, agregó.
En respuesta a las críticas, Carney señaló que el acuerdo es limitado. China solo puede exportar 49.000 vehículos eléctricos a Canadá con el arancel reducido del 6,1%, que aumentará a unos 70.000 en cinco años.
Otras opciones
Pero el mayor riesgo para Canadá proviene de su espinoso vecino del sur.
El Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá, un pacto comercial regional que permite que muchos productos crucen las fronteras de América del Norte sin aranceles, se renueva este año.
Es casi seguro que Trump exigirá cambios destinados a trasladar la fabricación a Estados Unidos y podría amenazar con retirarse del acuerdo por completo, especialmente si se inclina por castigar a Carney por dar marcha atrás en su política con China.
Es una perspectiva aterradora para Canadá, que envía el 75% de sus exportaciones de bienes a Estados Unidos.
El acuerdo entre Canadá y China “complicará las negociaciones”, afirmó William Reinsch, exfuncionario comercial estadounidense que ahora trabaja en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.
“Trump no estará satisfecho con la acción canadiense, probablemente tomará alguna medida de represalia, probablemente contra la industria automovilística canadiense, y sin duda lo convertirá en un tema de debate en las negociaciones del tratado.
En cualquier caso, el viernes Trump elogió a Carney: “Si puedes llegar a un acuerdo con China, debes hacerlo”. Y Carney señaló que el pacto con China es preliminar, lo que le da flexibilidad para buscar cambios si es necesario para evitar un conflicto con Estados Unidos.
También podría estar contando con un poco de ayuda de las empresas estadounidenses. Los fabricantes de automóviles de ese país dependen de una red de plantas en las tres naciones del tratado, y lucharán con uñas y dientes para defenderlo.
Los agricultores estadounidenses también dependen del pacto para acceder a los mercados mexicano y canadiense. Y a las empresas tecnológicas les gusta la forma en que liberaliza el comercio digital en Norteamérica.
Por ahora, según Lovely, el acuerdo de Carney con China envía “una gran señal de que Canadá está buscando otros socios y tiene opciones que le permitirían alejarse del T-MEC antes de hacer concesiones humillantes que solo sirvan a los intereses estadounidenses”.
Adaptado de su versión original en inglés
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