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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 17, 2026 - 1:35 pm
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Tal vez ningún torneo del calendario internacional del fútbol ha crecido tanto en los últimos años como lo ha hecho la Copa Africana de Naciones. Con estrellas de las mejores ligas del mundo protagonizando la acción en la cancha, no es de extrañar que la CAN de Marruecos 2025 haya dejado cifras récord en muchos aspectos.

Una de ellas es el botín para los participantes. El equipo que salga vencedor entre Senegal y Marruecos este 18 de enero se hará acreedor a un premio de siete millones de dólares, una bolsa sin precedentes para el campeón de este torneo.

Eso permite a la CAN desplazar en ganancias a la Copa de Oro de la CONCACAF y a la Copa Asiática, y la deja solo por detrás de dos eventos continentales: la Euro (que entrega 32 millones de dólares a su ganador) y la Copa América, que deja 16 millones para el campeón.

Sin embargo, el escenario no es menos auspicioso aguas abajo. Los equipos eliminados en la fase de grupos se llevan a casa 500.000 dólares, y contando los premios con cada ronda que se supera, el monarca terminará el torneo con 11,6 millones de dólares acumulados.

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“Creo que los futuros torneos africanos evolucionarán a partir de este torneo en Marruecos”, estimó el muy influyente entrenador de la selección marroquí, Walid Regragui.

“Tendremos mejores condiciones, habrá cada vez menos sorpresas y habrá más y más grandes partidos, más entretenimiento. Podremos vender los derechos televisivos en el extranjero porque ofreceremos un mejor espectáculo para nuestro continente”, anticipó.

Un crecimiento inusualmente acelerado

La precariedad ha dejado de ser parte del escenario en el fútbol africano, pero la edición de Marruecos 2025 ha marcado un avance mayor que cualquier otra que se haya visto en el evento continental.

La Confederación Africana de Fútbol (CAF) ha anunciado que el torneo ha dejado unas ganancias que están 90% por encima del promedio de los que lo antecedieron.

Aunque no ofreció detalles, un vistazo a sus últimos informes de gestión permite concluir que los ingresos superan los 180 millones de dólares. En su reporte de 2025, la CAF incluyó un beneficio neto de 96 millones de dólares producto de la copa de Costa de Marfil 2023. El estimado para Marruecos 2025 era de 114 millones, una proyección ampliamente superada.

El éxito comercial está basado en tres estrategias: la exploración de nuevas audiencias, acuerdos de patrocinio más ventajosos y aumento del alcance global, gracias a nuevos convenios de venta de derechos de transmisión.

Ese impulso vino de un análisis de la CAF de los resultados comerciales de la edición de Costa de Marfil 2023, que permitió descubrir mercados potenciales subutilizados hasta el momento.

Al abrirse a audiencias en China, Japón, Brasil y Europa, la CAN no solo conservó sus fieles audiencias regionales, sino que pudo sumar entre sus apoyos a nuevos socios comerciales, que solo esperaban a que tocara su puerta una oferta atractiva.

¿Y qué más estimulante que la presencia de varias de las figuras que protagonizan las ligas más importantes del mundo? Nombres como Achraf Hakimi, Brahim Díaz, Sadio Mané, Nicolas Jackson, Victor Osimhen, Ademola Lookman, Mohamed Salah, Omar Marmoush, Ilan Kebbal, Reinildo o Pierre-Emerick Aubameyang son estrellas en las mejores ligas del mundo.

La Confederación Africana aportó nueve patrocinadores en Camerún 2021, pero dos años después ese número había crecido a 17 y ahora en Marruecos son 23, una cifra sin precedentes. Entre esos auspicios, se incluyeron marcas de Estados Unidos, Turquía (que participó por primera vez) e incluso la propia Unión Europea, que es socio global oficial.

Por supuesto, probablemente muchos de estos esfuerzos no habrían dado frutos si la sede, Marruecos, no aportara un interés particular. Cuartos en el Mundial de Qatar 2022, campeones mundiales sub20 y medallistas de plata en París 2024, los ‘Leones del Atlas’ también son uno de los seis países organizadores del Mundial de 2030.

Y ese examen también lo ha pasado el país anfitrión, con estadios de primer nivel, alojamiento suficiente y de calidad, una red terrestre eficiente, una atractiva oferta turística y solo dos puntos negros: la conectividad aérea, todavía insuficiente, y el acceso a los estadios, que ha sido criticado por las peligrosas aglomeraciones de las vías principales.

Tareas pendientes

Sin embargo, todavía quedan manchas por limpiar en el escenario de la CAN. Una de ellas es la diferencia en el abordaje disciplinario con respecto a otros grandes torneos, que no permiten la acumulación de amonestaciones a partir de los cuartos de final.

En una decisión que ha sido calificada como ventajista para el anfitrión, las tarjetas amarillas han dejado a Senegal sin el puntal de su defensa, Kalidou Koulibaly, y sin uno de los motores de su zona de creación, el mediocampista del Sunderland inglés Habib Diarra.

También hubo episodios propios de la prehistoria de los grandes torneos, como las airadas protestas que derivaron en la suspensión del presidente de la Federación Camerunesa de Fútbol, Samuel Eto’o, que ya antes del torneo estuvo en el centro de la controversia por el manejo del cuerpo técnico y los trastornos que esto ocasionó en la convocatoria.

No han faltado los cuestionamientos a la actuación de los árbitros, incluyendo la lamentable escena de los jugadores argelinos increpando y asediando a los que pitaron el partido de cuartos de final perdido ante Nigeria.

El técnico de Marruecos, Regragui, ha salido en su defensa y ha roto una lanza a favor de los esfuerzos para profesionalizar el arbitraje.

“En este continente trabajamos duro (para combatir las suspicacias), pero siempre hay una mala imagen según los que siempre creen que los partidos se ganan así”, lamentó Regragui.

La otra gran mancha del desarrollo deportivo también se hizo presente: los excesos de autoridades gubernamentales que no entienden el principio de autonomía de las federaciones. El ministro de Deportes de Gabón salió a disolver la selección, despedir al cuerpo técnico y excluir al capitán, el delantero del Marsella Aubameyang, por la decepcionante actuación en la Copa.

Tres días después, le tocó dar marcha atrás, enfrentado a la posibilidad de una desafiliación por parte de la FIFA, como consecuencia de la innegable injerencia en decisiones que solo competen a la federación.

La CAF ha enfrentado también sus propios cuestionamientos, por la decisión de cambiar la frecuencia de las Copas Africanas a cada cuatro años a partir de 2028, al estilo de la Euro, en lugar de cada dos, como la Copa América.

De acuerdo con declaraciones de varios presidentes de federaciones que han sido reproducidas por grandes medios como ‘The Guardian’, la medida se tomó en comité ejecutivo, sin consultar a la asamblea de miembros, como indican los estatutos de la Confederación.

La CAN, sin embargo, permitió cerrar un capítulo que había encendido las alarmas en los últimos meses: la falta de consistencia en los resultados de equipos tradicionalmente protagonistas.

La habitualmente competitiva Ghana no alcanzó a clasificar a la Copa Africana y Nigeria quedó fuera de toda opción en las eliminatorias de cara al Mundial de Norteamérica 2026, pero luego en Marruecos llegó hasta semifinales. De hecho, los ocho que alcanzaron los cuartos de final están entre los 10 mejores del continente en el ranking de la FIFA, lo que permitió confirmar la solidez del fútbol de la región.

Definiendo al león alfa

Los ‘Leones del Atlas’ contra los ‘Leones de la Teranga’, Marruecos y Senegal: son, sin lugar a dudas, los grandes protagonistas del fútbol africano a nivel mundial, tanto por la calidad individual de sus jugadores y su aporte en grandes ligas, como por la proyección de sus selecciones. Es la definición soñada para una copa que ha avanzado en todos los sentidos.

Los dos transitaron un torneo dominante, dejando escapar solo un par de puntos en los empates ante las dos sorpresas de la Copa: Marruecos frente a Malí y Senegal contra la República Democrática del Congo.

Luego resolvieron de forma más o menos expedita la fase de eliminación directa, hasta las semifinales, donde los campeones de 2021 se valieron de gol agónico de su estrella, Sadio Mané, para eliminar a Egipto, y los dueños de casa tuvieron que llegar a la definición por penales con Nigeria, donde el portero Yassine Bounou volvió a ser héroe, igual que en Qatar 2022.

Mientras que Marruecos ha podido confiar en la producción del madridista Brahim Díaz, que anotó en los primeros cinco partidos y solo se quedó en blanco en la semifinal, Senegal ha encontrado muchas vías para llegar a las redes.

Mané ha hecho la gran diferencia, con participación en cinco goles, producto de dos anotados y tres asistencias, pero también han facturado la estrella del Bayern Munich Nicolas Jackson, Cherif Ndiaye y, entre otros, el astro juvenil del PSG Ibrahim Mbaye.

Sin embargo, probablemente en la final la balanza no la inclinarán las piezas ofensivas, sino la capacidad de mantener el arco en cero, porque se enfrentan los equipos menos goleados del torneo: Marruecos solo ha recibido un tanto, mientras que Senegal ha concedido dos.

Y yendo aún más atrás en las líneas, el seleccionador de los ‘Leones de la Teranga’, Éric Chelle, ha dejado muy claras las perspectivas: si se da el caso de una definición en penales, “iré a la mezquita a rezar”, consciente de que superar en esa fase a Bounou requiere de intervención divina.

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