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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 23, 2026 - 6:25 pm
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“Si México puede ayudar a generar mejores condiciones para Cuba, siempre vamos a estar ahí”, afirmó esta semana la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. La jefa del Ejecutivo ha sostenido que los envíos de petróleo a la isla se realizan bajo contratos vigentes y descartó que constituyan un subsidio desproporcionado, como acusa la oposición política del país, aunque hasta ahora el gobierno federal no ha difundido cifras desagregadas sobre el volumen exacto de las entregas.

Pero para congresistas estadounidenses como el republicano Carlos A. Giménez, estos envíos representan una “traición” a los esfuerzos de Estados Unidos por aislar al régimen cubano, y advirtió que podría haber “consecuencias severas” en la revisión del Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC) que se discute este año. Al tiempo que contraviene lo que ha dicho Donald Trump sobre interrumpir los envíos a la isla.

Las críticas no solamente vienen del norte. En México, figuras como el senador Ricardo Sheffield, del mismo partido político de la mandataria, han pedido revisar el convenio. “Sin ignorar esa relación y esa historia que nos une, yo creo que ahora hay que empezar a ponderar cuestiones más mundanas, más terrenales, y entre ellas, sin lugar a dudas, revisar la conveniencia de continuar dando (el petróleo)”, sostuvo. Para Sheffield, la falta de solidez financiera en la estatal mexicana Petróleos Mexicanos, Pemex, hace que el apoyo a la isla sea una carga insostenible. 

“Gana más el Estado mexicano de lo que arriesga”: Vanessa Romero

Para la analista política Vanessa Romero, el debate sobre los envíos de petróleo a Cuba ha sido planteado de forma equívoca. “Yo creo que es una forma tramposa de poner el debate”, afirma, al referirse a los cuestionamientos de la oposición que equiparan el suministro energético con un respaldo ideológico al sistema político cubano. A su juicio, este enfoque omite deliberadamente el contexto humanitario. “Si te pintaran el panorama completo, te dirían que Cuba está sumamente empobrecido, que no hay alimentos, que no hay medicinas”, explica, y recuerda que esa situación está marcada por “el embargo estadounidense que hace más de 60 años intenta asfixiar a esa diminuta isla”.

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Romero sostiene que la decisión del gobierno mexicano debe leerse desde una lógica histórica y ética más amplia. “Yo creo que gana mucho, yo creo que gana en congruencia histórica”, afirmó, al subrayar que la relación energética con Cuba data desde hace décadas. “Es un tema histórico mexicano que se ha hecho desde tiempos del PRI, esa relación con Cuba ha sido más profunda de lo que hoy se reconoce”, señala. En esa línea, considera que mantener los envíos permite al Estado mexicano reafirmar una identidad propia en política exterior. “Gana reconfirmando que al Estado mexicano le importa quién es, pinta una línea muy clara entre las prioridades de Trump y las propias, no podría ser más claro con un tema como este”.

La analista reconoce, sin embargo, que se trata de una decisión con riesgos. “La otra cara es hacer enojar al monstruo del norte”, admite, al señalar que la relación bilateral con Estados Unidos ya está atravesada por este tema. Aun así, considera que el balance sigue siendo favorable. En su lectura, la intervención militar unilateral de Estados Unidos en Venezuela —que culminó con la extracción de Nicolás Maduro y su traslado a una corte federal— marcó un punto de inflexión. “Si algo provocó en la opinión pública la intervención militar unilateral de Estados Unidos en Venezuela, es que le volvamos a creer”, señala, aunque aclara que tomar en serio esas amenazas no implica ceder automáticamente.

“Yo creo que precisamente por eso es tan importante que sea México quien le dé petróleo a Cuba. Ya no puede hacerlo Venezuela”, afirma, al señalar que la isla necesita un proveedor con capacidad real de acción. A su juicio, ese espacio existe. “El margen de maniobra de México no es poco. Las cartas que puede jugar México contra Donald Trump no son pocas”, sostiene, y enumera algunos factores: “tenemos la balanza comercial, tenemos el tema migratorio, el tema del narcotráfico. Son cartas que viven en el corazón de las promesas de campaña de Donald Trump”.

Por su parte, Óscar Ocampo, director de desarrollo económico del Instituto Mexicano para la Competitividad, cuestiona que los envíos de petróleo a Cuba generen beneficios tangibles para México. “Mira, ganando la realidad es que poco, ¿no? En términos económicos y poco también en términos políticos”, afirma. A su juicio, la decisión “responde a una vieja forma de ver las cosas en la política mexicana en relación con Cuba”, señala, al recordar que el apoyo a La Habana ha sido una constante en varias administraciones. En ese sentido, sostiene que la política actual “responde más bien a algo ideológico… pero no responde a una racionalidad económica y ni siquiera una racionalidad necesariamente política”.

Pemex reportó a EE. UU. solo el 13% del petróleo enviado a Cuba

En cuanto a la reacción desde Washington, Ocampo considera que las advertencias lanzadas por congresistas estadounidenses deben leerse con cautela, pero no ignorarse. “En este momento es una amenaza retórica”, afirma, aunque aclara que el tema puede convertirse en “una herramienta de presión para México”. En su lectura, abrir un nuevo frente de conflicto no conviene a la administración mexicana. “Probablemente no esté en el mejor interés del gobierno mexicano abrir un plano adicional a los que ya tienes abiertos con Estados Unidos”, sostiene.

Desde su perspectiva, “el gobierno ha fallado porque no han podido explicar claramente con peras y manzanas algo que no tendría que ser complicado explicar”, concluye, al advertir que esa falta de claridad alimenta la sospecha y reduce el margen de maniobra de México frente a Washington.

Más allá del debate político y ético, los datos disponibles sobre los envíos abrieron una nueva controversia. A inicios de enero, un reporte del Financial Times colocó a México en el centro del mapa energético cubano. El diario señaló que, tras la intervención de Estados Unidos en Venezuela, México había asumido el papel de principal proveedor de crudo para la isla. 

“No se está enviado más petróleo del que se había enviado históricamente. Hay un envío particular. Durante muchos años se han enviado barriles a Cuba por distintas razones; unas son contratos, otras son ayuda humanitaria”, respondió Sheinbaum al día siguiente.

Una investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, MCCI, reveló que Pemex reportó ante autoridades estadounidenses sólo el 13% del valor real de los envíos de petróleo crudo y productos derivados que realizó a Cuba durante 2025.

De acuerdo con los documentos presentados por la petrolera mexicana ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés), los hidrocarburos exportados a la isla entre enero y el 30 de septiembre de 2025 —a través de su filial Gasolinas Bienestar— alcanzaron un valor de 400 millones de dólares. Esa información figura en el informe más reciente entregado por Pemex a la SEC en diciembre de 2025.

“Podría tener repercusiones importantes por parte de EE. UU”

En ese reporte, la empresa estatal detalló que durante los primeros nueve meses del año exportó a Cuba un promedio de 17.200 barriles diarios de petróleo crudo y 2.000 barriles diarios de productos derivados, por un monto total de 400 millones de dólares. Sin embargo, la investigación de MCCI sostiene con información de Bases de datos especializadas como ImportKey y Veritrade que, hasta septiembre de 2025, Gasolinas Bienestar realizó 60 envíos de hidrocarburos a Cuba. 

De acuerdo con esos registros, el valor acumulado de los cargamentos supera los 3.048 millones de dólares, una cifra muy superior a la reportada por Pemex ante las autoridades regulatorias de Estados Unidos y que alimenta el debate sobre la magnitud real de los envíos y la transparencia de la operación.

France 24 conversó con Verónica Ayala, periodista a cargo de la investigación de MCCI, cuyo equipo ha dado seguimiento a estos envíos “desde hace más de un año”, tanto durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador como en el primer año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Se trata, dice, de “una diferencia abismal” entre lo reportado a las autoridades estadounidenses y lo declarado en México. Esa disparidad, advierte, “podría tener repercusiones importantes por parte de las autoridades en Estados Unidos”, dado que la información ante la SEC tiene como objetivo proteger a los inversionistas.

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Otro punto de la investigación es la falta de claridad sobre los ingresos derivados de estos envíos. “Nosotros no hemos encontrado que reporten como ingresos”, señala Ayala, al explicar que Gasolinas Bienestar —la filial creada específicamente para enviar combustible a Cuba— ha registrado “pérdidas netas y endeudamiento” desde su creación. En ese contexto, subraya que, pese a que el gobierno ha defendido los cargamentos como “ayuda humanitaria”, “el gobierno mexicano no ha transparentado estos envíos”, ni ha informado “bajo qué condiciones” se realizan o si existen contratos con o sin pago de por medio.

“No hay que olvidar que se trata de recursos públicos y como mexicanos, los recursos del erario son recursos que se obtienen también de lo que nosotros mismos aportamos con el pago de impuestos”, afirma la periodista.

Para el analista Ocampo, “el hecho de que el gobierno esté trastabillando para dar información ya hace que lo vuelva sospechoso”, advierte, sobre todo porque la operación se canaliza a través de una estructura con menores obligaciones de transparencia. “La forma en la que se ha llevado todo esto no parece ser del todo transparente”, concluye. 

En este contexto, analistas coinciden en que el entorno regional reduce los márgenes de maniobra de México, obligado a calibrar su política hacia Cuba sin erosionar su relación con Estados Unidos.

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