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¿Bombardear o no bombardear la isla de Kharg? ¿Enviar o no enviar tropas terrestres a esta franja de tierra de unos 20 kilómetros cuadrados, situada no lejos de las costas iraníes, frente a la ciudad de Bushehr? Estas parecen las preguntas que se plantean actualmente los mandos militares estadounidenses e israelíes en su guerra contra Irán, según varios medios de comunicación occidentales.
Este lugar representa un objetivo bélico para Washington, según estima, por ejemplo, el sitio web de noticias ‘Axios’, que cita a “funcionarios de la Administración” de Donald Trump que han mencionado planes para tomar militarmente la isla de Kharg.
¿No tocar Kharg?
“Hay que destruir todas las infraestructuras energéticas de la isla de Kharg para poner de rodillas a la economía iraní”, declaró Yair Lapid, exprimer ministro israelí, el sábado 7 de marzo.
Sin embargo, los bombardeos israelíes y estadounidenses que tuvieron como objetivo las infraestructuras petroleras iraníes este fin de semana ignoraron por completo estas instalaciones, situadas a solo veinte kilómetros de la costa de la República Islámica, destaca ‘Financial Times’.
Esta isla representa “la joya de la corona de la industria petrolera iraní”, explica Neil Quilliam, especialista en política energética de los países del Golfo para Chatham House, uno de los principales think tanks británicos.
“Casi el 90% de las exportaciones de petróleo de Irán pasan por este territorio, lo que permite conectar la economía iraní con la economía mundial”, detalla Sonia Martínez, directora ejecutiva del International Team for the Study of Security (ITSS) Verona y especialista en cuestiones de seguridad y conflictos en Oriente Medio.
“La isla de Kharg es uno de los pocos lugares que, si es atacado, puede tener un impacto estratégico y económico inmediato en el conflicto actual”, insiste Andreas Krieg, especialista en cuestiones de seguridad en Oriente Medio en el King’s College de Londres.
“El efecto sobre Irán sería similar al de la incautación de toda la flota fantasma rusa para Moscú“, compara Scott Lucas, especialista en política internacional y diplomacia estadounidense de la Universidad de Dublín.
¿Cómo se explica esta importancia estratégica? En un principio, el desarrollo de la isla de Kharg se confió a la Khark Chemical Company, una empresa conjunta iraní-estadounidense, en la década de 1960. Con el paso de los años, esta se ha convertido en una franja de tierra completamente cubierta de instalaciones energéticas para facilitar las exportaciones de petróleo iraní.
“Debido a las aguas poco profundas de esta región, los petroleros de gran tamaño no pueden atracar cerca de la costa. Necesitan un puerto de aguas profundas para cargar y descargar, y la isla de Kharg es el único realmente disponible para Irán”, explica Neil Quilliam.
Uno de los lugares mejor defendidos de Irán
Su particularidad lo convirtió en uno de los “nudos más estratégicos de la red mundial de suministro de petróleo” a partir de la década de 1970, recuerda la revista Geographical Magazine, publicación de la Royal Geographical Society.
Las compañías petroleras de todos los países se abastecían de petróleo desde la isla de Kharg. Era especialmente importante para la francesa Total.
Poco a poco, la importancia de la isla para Irán fue tal que se convirtió en un objetivo prioritario para Irak, durante la guerra entre ambos países en la década de 1980. El objetivo ya era entonces doblegar económicamente a Teherán.
Las instalaciones petroleras de Kharg quedaron prácticamente destruidas durante este conflicto y su reconstrucción fue un objetivo prioritario del régimen iraní a finales de los años 80.
Desde entonces, se ha convertido en uno de los lugares mejor defendidos de Irán. Sin embargo, “Israel y Estados Unidos tienen sin duda la capacidad militar para superar estas defensas”, asegura Neil Quilliam
¿No se plantea invadir la isla?
Entonces, ¿por qué no se ha pasado aún a la acción? En primer lugar, porque, dada la importancia del lugar, privar a las autoridades iraníes de Kharg “supondría una escalada muy importante del conflicto.
El régimen de Teherán no tendría entonces nada que perder, lo que podría empujarlo a lanzar represalias masivas contra otras instalaciones petroleras importantes de la región en Arabia Saudita o Bahrein“, sostiene Scott Lucas.
Además, “en el contexto actual de subida de los precios del petróleo, atacar esta isla no solo supondría un duro golpe para la economía iraní. Las repercusiones se dejarían sentir mucho más allá”, asegura Sonia Martínez.
Para ella, “esto haría subir aún más el precio del barril de petróleo, que ya ha alcanzado niveles históricos, al igual que los precios de los alimentos”, debido a la interconexión entre los precios del petróleo, el transporte marítimo y los fertilizantes esenciales para los cultivos mundiales.
“No veo cómo una decisión de atacar estas instalaciones para castigar al régimen no sería también punitiva para la economía global y, en última instancia, para la seguridad alimentaria mundial”, remarca Martínez.
Washington también evita bombardear esta franja de tierra porque “en caso de un cambio de régimen en Irán, el nuevo poder necesitará estas instalaciones para reanudar las exportaciones de petróleo con el fin de estabilizar el país”, asegura Neil Quilliam.
Así pues, comienza a surgir un escenario de una posible operación terrestre estadounidense-israelí para tomar posesión de estas instalaciones en lugar de destruirlas.
Pero para los expertos entrevistados por France 24, “hay que tomarlo con cautela”, en palabras de Andreas Krieg. “Enviar tropas para tomar posesión física de estas instalaciones y exponerlas así a los misiles y drones iraníes haría que el conflicto pasara a una dimensión completamente diferente de la actual campaña de bombardeos”, opina este especialista.
Una alternativa a la estrategia de mano dura sería atacar en el espectro cibernético antes que con la bazuca. “Habrá que ver si se producen sabotajes o ciberataques que afecten a las infraestructuras petroleras de la isla. Podría ser una forma de asfixiar aún más la economía iraní sin tener que atacar militarmente estas instalaciones”, concluye Sonia Martínez.
Este artículo fue adaptado de su versión original en francés
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