El anuncio de Teherán se produce en un contexto de crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán tras el asesinato del general iraní Qasem Soleimani, abatido el viernes en un bombardeo estadounidense en Bagdad.

En un comunicado, el gobierno de la República Islámica indicó, no obstante, que “la cooperación de Irán con el OIEA [Organismo Internacional de Energía Atómica, que controla minuciosamente el programa nuclear de Teherán] continuará como antes”. 

El gobierno señaló que, “a causa” de su decisión sobre las centrifugadoras, “ya no queda ningún obstáculo que dificulte el programa nuclear de la República Islámica de Irán en el plano operativo”, ya se trate de la “capacidad para enriquecer [uranio], del nivel de enriquecimiento [de uranio], de la cantidad del material enriquecido o de la investigación y el desarrollo”.

Aún así, Teherán agregó que “el programa nuclear de Irán, a partir de ahora, se desarrollará únicamente en base a las necesidades técnicas del país”.

Hasta ahora, la República Islámica siempre había indicado que necesitaba enriquecer uranio en torno al 5 %, no más, un nivel suficiente para producir el combustible necesario para generar electricidad en una central nuclear. 

El comunicado no explicaba, sin embargo, si las necesidades técnicas del país han cambiado.

Eso sí, el gobierno reiteró que está dispuesto a dar marcha atrás en cualquier momento.

“Si las sanciones [contra Irán, reimpuestas y endurecidas por Estados Unidos desde 2018] se retiran, e Irán goza de los beneficios” esperados por el acuerdo internacional sobre su programa nuclear, rubricado en 2015, la República Islámica está dispuesta “a volver” a la aplicación completa de sus compromisos, señaló el Ejecutivo en su nota.