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Tras 16 años en el poder actuando a instancias de Rusia en Bruselas, el partido Fidesz del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, corre el riesgo de perder el poder en las elecciones parlamentarias del domingo, ya que su rival, Péter Magyar, le lleva una ventaja significativa en las encuestas.
El Kremlin parece haber hecho todo lo posible para impulsar a su hombre en Budapest. Un informe interno del servicio de inteligencia ruso SVR, revelado en marzo, esbozaba una estrategia denominada “The Gamechanger” (la Cambiajuego), que incluía organizar un intento de asesinato contra Orbán para “alterar de manera fundamental todo el paradigma de la campaña electoral”.
La campaña húngara ha sido testigo de una importante escalada de injerencias, que incluyen “operaciones de influencia documentadas, campañas de desinformación e informes de actividades vinculadas a los servicios de inteligencia”, afirma Edit Zgut-Przybylska, investigadora asociada del Instituto de la Democracia de la Universidad de Europa Central en Budapest y especialista en retrocesos democráticos.
También se ha acusado a Moscú de enviar a Budapest un equipo de “especialistas” electorales —vinculados al GRU, los servicios de inteligencia militar rusos— para supervisar de cerca estas operaciones de injerencia.
En este momento, “lo que estamos viendo no es una injerencia, sino la connivencia entre el Gobierno húngaro y Rusia”, afirma Anton Shekhovtsov, director del Centro para la Integridad Democrática de Austria y experto en los vínculos entre Moscú y los partidos de extrema derecha europeos.
Shekhovtsov señaló que la comparecencia conjunta del vicepresidente estadounidense JD Vance con Orbán en Budapest a principios de esta semana fue otro intento de “intereses extranjeros” por influir en las elecciones.
El presidente estadounidense de derecha, Donald Trump, incluso ha prometido impulsar la economía de Hungría si Orbán sale reelegido.
La traductora de Putin y el “caballo de Troya” de Moscú
El nombramiento de Daria Boyarskaya, antigua intérprete del presidente ruso Vladimir Putin, para formar parte del equipo de observadores encargado de supervisar las elecciones por parte de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha sido objeto de críticas por parte de grupos defensores de los derechos humanos húngaros, así como de legisladores europeos.
Una carta abierta firmada por 56 miembros del Parlamento Europeo la semana pasada pedía que se destituyera a Boyarskaya de su cargo, alegando sus vínculos con Moscú.
“Rusia tiene un claro interés en mantener a Orbán en el poder, porque Hungría ha actuado sistemáticamente como un caballo de Troya del Kremlin que ha trabajado en contra de las decisiones de la UE sobre Ucrania y las sanciones contra Rusia”, afirma la analista Zgut-Przybylska.
Putin perdería a su socio “más leal y fiable” dentro de la Unión Europea, afirma, una posición que solo se ve reforzada por la filtración la semana pasada de una conversación en la que Orbán dijo que estaba dispuesto a ayudar a Putin en todo lo que pudiera.
“Estoy a su servicio”, le dijo al presidente ruso.
Rusia también ha intentado ayudar a Orbán a aprovechar la guerra en la vecina Ucrania para “replantear las elecciones como una elección existencial entre la ‘paz y la estabilidad’ bajo el Fidesz y el ‘caos y la guerra’ bajo Tisza”, afirma Zgut-Przybylska.
Pero los intentos de Moscú por sembrar el miedo no parecen haber convencido a un electorado de votantes descontentos que quieren que el Gobierno haga más por ayudarles en su vida cotidiana, incluso en ámbitos como la educación pública y la sanidad.
El candidato de la oposición, Magyar, antiguo miembro del Fidesz de Orbán que aboga por una política más proeuropea, lidera las encuestas con una ventaja de unos 10 puntos.
Un cambio gradual
Ni siquiera una victoria de Tisza garantizaría que éste sea capaz de gobernar Hungría con éxito, señala Shekhovtsov, quien destaca que, tras 16 años en el poder, el partido de Orbán y sus aliados se han arraigado profundamente en las instituciones políticas húngaras.
El actual primer ministro ha hecho todo lo posible para asegurarse de que sus aliados, las instituciones políticas y los medios de comunicación afines le sobrevivan.
Pero una victoria de Magyar podría significar que Hungría “comenzaría a distanciarse de Rusia, aunque la influencia rusa no desaparecería de la noche a la mañana”, afirma Zgut-Przybylska.
Esta influencia podría incluso aumentar, ya que el Kremlin podría “trabajar activamente para debilitar” a un nuevo Gobierno húngaro que buscara normalizar las relaciones con la UE.
“Por supuesto, habrá grandes intentos por parte de los rusos de socavar a Magyar”, coincide Shekhovtsov, añadiendo que Moscú también puede esperar un apoyo continuado de Orbán desde dentro de Hungría.
Y Rusia sigue teniendo aliados en Europa más allá de Hungría, en particular en la Eslovaquia del primer ministro de derecha Robert Fico, que podrían seguir socavando las políticas pro-Ucrania y pro-Unión Europea.
Eslovaquia sería, sin embargo, un sustituto más débil como socio de Rusia, ya que está más integrada en el sistema europeo y, por lo tanto, tiene menos margen de maniobra.
“Eslovaquia forma parte de la zona del euro, (por lo que) Fico tiene más limitaciones dentro del sistema de toma de decisiones de la UE y está menos aislado que Hungría”, afirma Zgut-Przybylska.
El margen de maniobra de Magyar
Rusia podría seguir contando con la ayuda de Hungría incluso si Magyar ganara. Aunque ha prometido adoptar un enfoque más escéptico hacia Rusia, es poco probable que rompa por completo con Moscú.
“No es bueno para Rusia, pero tampoco es una catástrofe total para ellos”, afirma Michael Toomey, especialista en populismo en Europa Central de la Universidad de Glasgow, al referirse a una posible victoria de Magyar.
Eslovaquia y Hungría han insistido en mantener el acceso al petróleo y al gas rusos a bajo precio, oponiéndose o incluso bloqueando las sanciones contra Moscú.
Según se informa, Magyar también quiere garantizar el acceso a los recursos energéticos rusos.
“Hay muchas razones estructurales por las que Hungría quiere seguir presionando para mantener el acceso al petróleo y al gas rusos”, señala Toomey. Así que, aunque es más probable que Magyar apoye a Ucrania que Orbán —y que sea “menos espinoso para la UE”—, eso no significa necesariamente que siempre vaya a seguir la línea marcada.
Mientras que la UE ha pedido a todos los Estados miembros que pongan fin a su dependencia de la energía rusa para 2027, Magyar ya ha dejado claro que Hungría no podría hacerlo antes de 2035.
Nadie espera que Budapest rompa relaciones con Moscú, afirma Shekhovtsov. Lo que sí se espera, añade, es que Hungría “sea un miembro responsable de la Unión Europea y siga la línea de la Unión Europea respecto a Rusia”.
Y cualquier ruptura real con Rusia solo podrá producirse si Tisza consigue una amplia mayoría en las elecciones del domingo, lo que le permitiría evitar tener que hacer concesiones ideológicas significativas solo para formar gobierno.
Si Magyar gana pero no consigue esa mayoría, afirma Shekhovtsov, “tendrá por delante una dura batalla”.
Adaptado de su versión original en francés
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