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Este artículo fue curado por pulzo   Feb 27, 2026 - 5:51 am
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El reciente aumento de las hostilidades entre el Gobierno talibán de Afganistán y las fuerzas de Pakistán ha encendido las alarmas regionales e internacionales por su inusitada gravedad. Según informó la Radio y Televisión Nacional de Afganistán, el portavoz del 201 Cuerpo Khalid bin Walid, Mawlawi Wahidullah Mohammadi, reportó el viernes la muerte de al menos 75 soldados paquistaníes y 84 heridos tras acciones militares afganas, una cifra que no ha sido verificada por fuentes independientes ni confirmada por el mando militar paquistaní. Los ataques, de acuerdo con las declaraciones oficiales, se dirigieron a instalaciones militares en Abbottabad, Nowshera y en las inmediaciones de Islamabad, logrando, siempre según lo sostenido por Kabul, la captura de dos bases y 19 puesto militares cerca de la Línea Durand. Los talibanes añaden que retienen los cuerpos de 23 militares paquistaníes y a varios combatientes capturados en los recientes enfrentamientos.

En paralelo, la televisión estatal afgana denunció incursiones aéreas paquistaníes sobre zonas residenciales en el distrito de Barmal (provincia de Paktika), provocando la muerte de tres civiles, incluidos dos menores, una afirmación que subraya la gravedad de las acusaciones cruzadas. El balance de víctimas es contestado por ambas partes: mientras Kabul reconoce sólo ocho bajas en sus filas, Islamabad no ha confirmado oficialmente ninguna, y las cifras sobre civiles difieren en cada relato.

Estos incidentes constituyen el episodio más reciente dentro de un ciclo de escalada iniciado el 22 de febrero, cuando un bombardeo paquistaní en la provincia afgana de Nangarhar dejó 17 muertos, desencadenando una cadena de represalias militares. Según informan EFE y AFP, el ministro de Información paquistaní, Attaullah Tarar, declaró haber golpeado con ataques aéreos objetivos militares en Kabul, Kandahar y Paktia, mientras que Islamabad justifica sus acciones como respuesta a ataques militantes presuntamente organizados desde territorio afgano. El gobierno talibán, por su parte, rechaza estas acusaciones.

Ambos países han presentado versiones divergentes sobre la secuencia y el impacto de los enfrentamientos. Kabul reconoce los ataques paquistaníes pero niega víctimas en áreas urbanas, y acusa a Pakistán de repetidas violaciones fronterizas. Pakistán sostiene que el grupo Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) intensificó sus operaciones tras el regreso de los talibanes al poder en Kabul en 2021, utilizando suelo afgano para organizar atentados en territorio paquistaní, una acusación desmentida de forma reiterada por el gobierno afgano.

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El deterioro diplomático se evidencia en los recientes intentos fallidos de mediación, con países como Qatar, Turquía, Arabia Saudita e Irán implicados infructuosamente en la búsqueda de una tregua y liberación de prisioneros. Las negociaciones no han logrado una solución duradera y los cruces fronterizos, históricamente tensos, se mantienen cerrados, repercutiendo en el comercio y la movilidad de las comunidades locales. La Línea Durand —una frontera impuesta en la época colonial británica y que nunca ha sido reconocida formalmente por Kabul— sigue siendo un foco de discordia alimentado por disputas sobre refugio a militantes y flujos migratorios.

La escalada actual es descrita como la más peligrosa en años, ya que ambos vecinos no sólo enfrentan el resurgimiento de la violencia militante sino también un profundo deterioro de la confianza bilateral. Los ataques nocturnos recientes, señala el analista Michael Kugelman (según AFP), representan un salto significativo en la intensidad y naturaleza del conflicto, amenazando con arrastrar a toda la región hacia una crisis mayor.

¿Por qué la Línea Durand genera tantos conflictos entre Afganistán y Pakistán?

La Línea Durand es la frontera internacional impuesta entre Afganistán y Pakistán a finales del siglo XIX por el Imperio Británico, cuyo objetivo era dividir influencias en la región. Kabul nunca ha reconocido formalmente esta frontera, lo que ha sostenido disputas de soberanía durante décadas y dificultado la gestión coordinada de la seguridad y el flujo de personas.

La ausencia de un acuerdo mutuo sobre la Línea Durand facilita acusaciones de violaciones, refugio a militantes y movimientos irregulares de población, alimentando la desconfianza entre ambas naciones. Estas diferencias históricas continúan exacerbando los enfrentamientos y dificultando cualquier avance en la estabilidad regional.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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