El centro penitenciario de Marche-en-Famenne, en el sur del país, por ejemplo, permitirá a los reclusos seguir el partido en una pantalla de 3×2 metros instalada en una sala común. La dirección del centro ya ha difundido de esa forma las cuatro victorias mundialistas que han llevado a Bélgica a los cuartos de final, indicó al portal ‘Sudinfo’ el director de esa prisión, Fréreric de Thier.

Pero Barc Brisy, a cargo de la cárcel de Lantin, en el oriente del país, puso el dedo en la llaga al hablar en la misma web del tema: “Menos mal que en este periodo de huelgas hay fútbol”, dijo, celebrando que los funcionarios de prisiones puedan tomarse un respiro durante los partidos de su selección en esa cárcel, en la que se pueden observar banderas con los colores negro, amarillo y rojo de la enseña nacional belga.

Desde el pasado 19 de junio, los trabajadores de las prisiones de Bélgica protestan ante el intento del gobierno de imponer unos servicios mínimos que los funcionarios consideran excesivos en caso de paro, tras una sonada huelga de prisiones de 56 días en 2016, cuya gestión fue ampliamente criticada.

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En la cárcel de Jamiloux, por su parte, la dirección del centro ha configurado horarios especiales de trabajo para que los trabajadores puedan seguir el partido contra Brasil.

Bélgica, que solo se ha enfrentado una vez contra Brasil en partido oficial, en 2002 y con derrota de los europeos, alberga grandes esperanzas de que su generación de futbolistas de oro, con Hazard, Lukaku o De Bruyne al frente, den la campanada y eliminen a la todopoderosa Brasil.

Para que la gente vea esa hazaña, la administración instaló tres pantallas gigantes en la Grand Place de la capital, según el diario ‘La Capitale’, que reunirán a unas 20.000 personas, en línea con las zonas habilitadas para ver el partido en otros municipios del país.

Tal es la expectativa, que el gobierno anunció que si Bélgica llega a la final del próximo día 15 de julio se instalará una pantalla gigante para ver el partido en el Estadio Rey Balduino de Bruselas, donde habitualmente juega la selección belga como local.

¿Y las cárceles? Cuando termine el Mundial, triunfe o no su selección, se desinstalarán las pantallas en donde los reclusos vieron los partidos, pero seguirán las condiciones penitenciarias por las que ese país ha sido condenado en varias ocasiones por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, debido a las lamentables condiciones de vida de los presos, según reseña Estrella Digital.

Ese mismo medio recoge la denuncia del Internationational Prison Observatori (IPO) difundida primero por The Brussels Times, según la cual las condiciones materiales de los presos son “inaceptables: falta de higiene, celdas sin baños, colchones colocados en el piso o áreas de celdas de prisioneros por debajo del mínimo requerido”.

Apenas en marzo pasado, el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura del Consejo de Europa calificó de “preocupante” la situación de los detenidos en las cárceles, sometidos en ocasiones a “tratos inhumanos y degradantes”. Lamentó también, de acuerdo con Europa Press, la falta de avances “concretos” para poner en marcha un dispositivo “viable” que permita “respetar en todas las circunstancias” los derechos de los detenidos en el marco de acciones colectivas del personal penitenciario.

Pero estimó que la incapacidad de las autoridades belgas de poner en marcha ese dispositivo “pone a un gran número de personas detenidas en riesgo de tratos inhumanos y degradantes y de agravar situaciones ya consideradas intolerables, pone en peligro la salud y la vida de estas personas y compromete la seguridad de los establecimientos afectados”, agrega Europa Press.

Por ahora, mientras juega la selección belga, los reclusos de ese país sentirán un respiro aparente. Después…