El estudio se efectúa de manera conjunta por la Universidad Estatal de Colorado (CSU), en Fort Collins; la Universidad de California, en Davis, y la Universidad de Wisconsin, en Madison, con base en un subsidio de 6,5 millones de dólares otorgado por el Proyecto Filantropía Abierta.

Los canes que cumplan con los criterios de selección recibirán al azar una vacuna o un placebo durante los exámenes rutinarios, que prevén practicar las universidades a partir de ahora y durante los próximos cinco años.

En total, se espera que 800 perros sanos y de edad media contribuyan a evaluar la efectividad de la nueva vacuna que, según el comunicado difundido por CSU, ya se ha usado con éxito para prevenir el cáncer entre ratones.

El experimento será dirigido por Douglas Thamm, director de investigaciones clínicas en el Centro Flint de Cáncer Animal, en el Hospital Veterinario James L. Voss, de CSU Fort Collins.

“Como uno de los principales centros de investigaciones de cáncer animal en el mundo, CSU y nuestro equipo estamos en una excelente posición para conducir estos ensayos clínicos. Confiamos en nuestras contribuciones a este innovador estudio”, indicó Thamm en un comunicado.

Se espera que entre los perros que reciban placebos, la incidencia de cáncer esté entre los parámetros normales. A la vez, los que reciban la vacuna deben producir los datos necesarios para determinar si esa solución previene o retrasa el cáncer canino.

Si uno de estos animales contrae cáncer mientras forma parte del estudio, sin importar que haya recibido la vacuna o un placebo, recibirá diagnóstico y tratamiento en el hospital veterinario correspondiente.

Los ejemplares deben vivir a no más de 240 kilómetros de las universidades, tener entre 6 y 10 años, pesar por lo menos 5 kilogramos y no tener antecedentes de cáncer o de enfermedades autoinmunes. No todas las razas serán aceptadas.

Las investigaciones se basan parcialmente en un reciente estudio a cargo del doctor Stephen Johnston, del Instituto de Biomedicina de la Universidad Estatal de Arizona, que, contradiciendo creencias ampliamente difundidas, encontró elementos comunes entre distintos tipos de tumores cancerosos, algo que permitió comenzar el desarrollo de una vacuna para prevenir esa enfermedad.

De hecho, fue Johnston el que seleccionó a Thamm, con quien colabora desde hace una década, para los nuevos experimentos en perros.

“Ensayar este enfoque en perros sirve como el puente perfecto para estudios en humanos. Si resulta exitoso, tendremos una nueva herramienta para prevenir el cáncer en animales acompañantes, y potencialmente décadas antes de que (la vacuna) esté disponible para humanos”, afirmó Thamm.