Por: El Colombiano

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Este artículo fue curado por pulzo   Feb 24, 2026 - 4:34 pm
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En el corazón de una urbanización de Envigado, el inesperado arribo de un gallo, reconocido como Claudio, y una gallina, conocida como Doña Gallina, ha generado una división marcada entre los más de setecientos habitantes del conjunto residencial Puerto Luna, ubicado en el barrio Señorial. El motivo de la controversia radica en el lugar que deben ocupar estos animales dentro de la copropiedad. Mientras algunos vecinos manifiestan incomodidad y defienden que este no es un espacio apropiado para aves de corral, otros aseguran que su presencia ha transformado de manera positiva la cotidianidad de la urbanización.

Todo comenzó el 22 de enero, cuando un residente descubrió que ambas aves habían sido abandonadas en los alrededores del conjunto. En un intento por protegerlas, se decidió adaptarlas a uno de los espacios menos utilizados de la urbanización: la zona cercana al área de juegos, según declaraciones de Alejandra Barrientos, quien también es residente. El objetivo era ubicarlas en un lugar seguro, lejos de amenazas externas como zorros y zarigüeyas, frecuentes en los alrededores, evitando así que estuvieran desprotegidas.

No obstante, la llegada de estos animales trajo consigo molestias para otros habitantes. Durante las noches, los cantos del gallo interrumpían el descanso de quienes vivían cerca, incrementando así las quejas y el malestar. La situación, según relataron los vecinos responsables del cuidado de Claudio y Doña Gallina, era consecuencia de que ambos animales permanecían a la intemperie, expuestos a la luz artificial de las lámparas, lo cual les alteraba los ciclos de sueño y les motivaba a cantar fuera del horario habitual.

Para mitigar el problema, los responsables improvisaron una solución: instalaron una jaula protegida del alumbrado, permitiendo que las aves descansaran a oscuras después de la puesta de sol. Este cambio tuvo efecto inmediato. Testimonios recogidos por medios locales, como los compartidos por Barrientos, indican que tras la adecuación, los molestos cantos nocturnos cesaron, reduciendo así los conflictos entre vecinos.

Sin embargo, la inconformidad no desapareció por completo. En redes sociales y a través de algunos medios de comunicación locales, se denunció que las aves permanecían expuestas a las inclemencias del clima durante el día, motivo por el cual se solicitó la intervención de las autoridades encargadas de la protección animal. Por otro lado, quienes respaldan la permanencia de los animales sostienen que su presencia ha reforzado la convivencia en la urbanización, particularmente entre los niños, quienes diariamente se acercan para alimentarlos y cuidarlos, enriqueciendo la interacción comunitaria.

Frente a este panorama, la administración de la urbanización Puerto Luna ha resuelto que el destino de Claudio y Doña Gallina será debatido en la próxima asamblea de copropietarios. En dicha reunión se pondrán sobre la mesa tanto el bienestar animal como la búsqueda de la convivencia pacífica entre todos los residentes.

¿Qué criterios deben considerarse en la asamblea al decidir sobre animales residentes en zonas urbanas?

La programación del debate sobre la permanencia o no de Claudio y Doña Gallina en Puerto Luna abre un espacio importante para reflexionar sobre cómo las comunidades urbanas gestionan la presencia de animales dentro de sus espacios compartidos. La asamblea de copropietarios deberá equilibrar factores como la tranquilidad y el descanso de los habitantes, las normas internas de la copropiedad y el bienestar animal, tema que ha cobrado especial relevancia en la opinión pública local.

De este modo, la pregunta de cuáles deben ser los criterios para tomar decisiones justas y fundamentadas sobre animales en entornos residenciales recoge las voces de una comunidad plural y diversa, y permite abrir la discusión sobre cómo compatibilizar los derechos y necesidades de todos sus miembros, humanos y no humanos.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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