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Este artículo fue curado por pulzo   Feb 27, 2026 - 7:15 pm
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El tacto constituye la primera vía de comunicación en el ser humano, incluso antes de que se desarrolle el lenguaje verbal. De acuerdo con la neuróloga Paola Cubides, adscrita a Colsanitas, el contacto piel con piel permite a los recién nacidos experimentar sensaciones de seguridad, protección y apego. Este tipo de comunicación no se limita a las etapas iniciales de la vida. Según Cubides, permanece presente en la adultez a través de gestos tan cotidianos como un abrazo o un apretón de manos, reforzando vínculos sociales y afectivos de una manera no verbal pero profunda.

El valor del tacto va más allá de su connotación simbólica, ya que investigaciones científicas han evidenciado que el contacto afectivo desencadena respuestas fisiológicas concretas. El cerebro recibe señales de la estimulación sensorial y activa el sistema nervioso, promoviendo la liberación de sustancias químicas asociadas al bienestar, tales como la serotonina, las endorfinas y la oxitocina. Al mismo tiempo, reduce la presencia de cortisol, conocido como la hormona del estrés. Este equilibrio hormonal se traduce en sensaciones de placer, tranquilidad y mejora significativa en la calidad de vida.

Desde 1922, la ciencia explora la incidencia de la estimulación sensorial en el desarrollo emocional y conductual. Estudios pioneros en animales ya demostraban que la privación del tacto podía tener consecuencias adversas en su comportamiento. Más recientemente, un estudio publicado en 2021 ratificó que el tacto autoconsolador, como recibir abrazos, disminuye la secreción de cortisol, especialmente en personas socialmente aisladas o tímidas. Aunque tales prácticas no reemplazan tratamientos médicos en enfermedades graves, se reconocen como complemento valioso en el bienestar integral.

La psicología también ha puesto énfasis en el papel del contacto físico en el tratamiento de afecciones como la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático. Según Paloma Carvajalino Suárez, psicóloga del Colegio Colombiano de Psicólogos, este tipo de contacto promueve la liberación de oxitocina y endorfinas, hormonas y neurotransmisores que no solo generan placer y alivio del dolor, sino que inciden directamente en el equilibrio emocional, facilitando sensaciones de afecto, apego y agrado.

Carvajalino enfatiza que los beneficios del contacto físico van más allá del efecto inmediato sobre el estado de ánimo. Entre sus aportes destacan el aumento de la autoestima, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la mejora en la percepción del bienestar general. Además, contribuye a las relaciones interpersonales al fomentar intimidad, cercanía y una actitud más positiva frente a la vida.

En el contexto colombiano, no existen cifras exactas sobre la práctica de terapias sensoriales. Sin embargo, datos del Ministerio de Salud y Protección Social indican que el 66,3% de la población ha experimentado algún trastorno de salud mental en algún momento. Esta realidad hace visible la importancia de complementar la atención en salud mental con estrategias que fortalezcan la regulación emocional y la interacción humana respetuosa.

En una sociedad donde la digitalización y la virtualidad tienden a reducir los espacios de encuentro físico, los especialistas recomiendan recuperar gestos sencillos como el abrazo o la caricia desde una perspectiva respetuosa y consentida. Estas acciones, lejos de ser triviales, representan aliados fundamentales para el bienestar psicoemocional y la salud integral en el día a día.

¿En qué consiste la oxitocina y por qué es considerada “la hormona del afecto”?

La oxitocina es un neurotransmisor y una hormona que, según la psicóloga Paloma Carvajalino Suárez citada en el artículo, se libera durante el contacto físico afectivo, como los abrazos y las caricias. Su importancia radica en que promueve sensaciones de apego, afecto y conexión entre las personas, ayudando a generar vínculos emocionales profundos. La liberación de oxitocina no solo produce una sensación inmediata de bienestar, sino que también contribuye a reducir el estrés y a fortalecer el relacionamiento social.

El contacto físico respetuoso y consentido favorece de manera directa la producción de oxitocina y endorfinas, lo cual impacta en la regulación del estado de ánimo y el bienestar general. Por estas razones, la oxitocina es reconocida como “la hormona del afecto” y se valora su papel tanto en la infancia como en la vida adulta, especialmente en entornos donde las relaciones interpersonales tienden a estar mediadas por la distancia y la tecnología.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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