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El año 2026 ha sido señalado como un momento crucial para el avance de la exploración espacial. Después de décadas en las que las misiones tripuladas se limitaron a la órbita baja terrestre, la humanidad retomará su acercamiento a la Luna en medio de retos técnicos, científicos y geopolíticos de gran envergadura. Este renovado impulso se caracteriza por la colaboración entre diversas agencias espaciales y promete redefinir tanto los límites como las posibilidades de la exploración profunda.
Uno de los hitos más esperados es la misión Artemis II, dirigida por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) de Estados Unidos. Será la primera ocasión desde la época Apolo en la que un grupo de cuatro astronautas –tres estadounidenses y un canadiense– viajará alrededor de la Luna durante diez días, sin aterrizar sobre su superficie. El objetivo primordial es someter a estrictas pruebas la nave Orión y sus sistemas de soporte vital, asegurando su funcionamiento en condiciones reales. Según lo señalado en el artículo, la misión representa un vuelo tripulado de alto riesgo, dado que se realizará fuera del alcance inmediato de la protección terrestre, desafiando la tecnología y la preparación ante cualquier emergencia.
El escenario lunar también refleja el surgimiento de nuevas competencias internacionales. En el verano de 2026, China planea la misión Chang’e 7, cuyo destino será el polo sur de la Luna, una región poco estudiada pero rica en potencial. Entre sus innovaciones destaca el uso de una nave robótica “saltadora”, encargada de buscar hielo y compuestos volátiles en los oscuros cráteres del polo. El hallazgo de estos recursos resultaría decisivo para la reducción de costos en futuras expediciones de larga duración, aunque la exploración de estas áreas conlleva retos tecnológicos considerables. De acuerdo con la información, la misión incluirá instrumentación de diversos países, un reflejo del equilibrio entre la cooperación y la rivalidad en este sector.
Más allá de la Luna, el año 2026 pondrá a prueba la capacidad humana para salvaguardar el planeta Tierra. La Agencia Espacial Europea (ESA) emprenderá el análisis de un asteroide previamente impactado para mejorar técnicas de desviación, fundamentales en caso de amenazas provenientes del espacio. Otro de sus proyectos, SMILE, estudiará la magnetosfera terrestre, una barrera indispensable para la vida y la protección planetaria. Además, la misión BepiColombo alcanzará la órbita de Mercurio, presentando desafíos debido a las extremas condiciones térmicas y gravitacionales de ese planeta.
El calendario de 2026 contempla, además, iniciativas pioneras de actores privados como SpaceX, que con su proyecto Starship buscará comprobar la transferencia de combustible en órbita, y Boeing, cuyo Starliner apunta a garantizar el acceso seguro y redundante a la Estación Espacial Internacional. Igualmente, nuevas plataformas de lanzamiento como Ariane 6 y Neutron potenciarán la capacidad global en el sector. La agencia japonesa (JAXA) y misiones chinas adicionales preparan exploraciones a las lunas de Marte y a asteroides cercanos, mientras que telescopios espaciales como el Nancy Grace Roman y el observatorio solar SMILE impulsarán el conocimiento sobre materia oscura, exoplanetas y la interacción Sol-Tierra.
Estos acontecimientos revelan que el retorno humano a la Luna va más allá de lo simbólico y se encuadra en una estrategia integral en la que el trabajo conjunto, la innovación tecnológica y la visión a largo plazo perfilan un futuro en el que la permanencia y expansión fuera del planeta serán posibles.
¿Cómo se eligen a los astronautas que participan en misiones como Artemis II?
La selección de astronautas para misiones espaciales tripuladas es un proceso riguroso y prolongado, en el cual las agencias espaciales evalúan tanto las aptitudes técnicas como las capacidades psicológicas y físicas de los candidatos. En el caso de Artemis II, la NASA y la Agencia Espacial Canadiense seleccionaron a profesionales altamente entrenados, capaces de enfrentarse a los desafíos de la exploración lunar y de operar sistemas complejos bajo condiciones extremas.
Esta selección responde a la importancia de contar con tripulantes altamente calificados para operar la nave Orión y tomar decisiones críticas en medio del aislamiento espacial. Además, la diversidad de perfiles en la tripulación refleja la colaboración internacional y el objetivo de incorporar diferentes perspectivas y experiencias en la exploración futura de la Luna y más allá.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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