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Disney nombra a Josh D’Amaro como CEO y apuesta por parques, videojuegos e inteligencia artificial para conquistar nuevas generaciones
Disney acaba de tomar una decisión que habla mucho de hacia dónde va la cultura digital del entretenimiento. La junta directiva anunció que Josh D’Amaro, veterano de casi tres décadas y jefe de parques y experiencias, va a asumir como nuevo director ejecutivo el 18 de marzo. El relevo pone fin a una búsqueda larga y observada por toda la industria. Bob Iger, figura central del Disney moderno, va a quedarse como asesor hasta finales de año y luego se va a retirar. La pregunta que flota es sencilla y potente: ¿qué significa que Disney elija a un líder formado en parques, viajes y experiencias físicas, en un momento donde la pantalla, la IA y los videojuegos marcan el ritmo cultural?
Cuando Disney crece más viajando que contando historias en pantalla
Durante años, Disney fue vista como una fábrica de historias para cine y televisión. Hoy, los números cuentan otra cosa. La división que dirigía Josh D’Amaro genera cerca de 36.000 millones de dólares al año y aporta alrededor del sesenta por ciento de las ganancias. Parques, cruceros, hoteles y productos licenciados pesan más que películas y series. Esa realidad explica por qué la junta votó de forma unánime por D’Amaro.
El cambio también llega acompañado de una novedad histórica. Dana Walden va a convertirse en la primera directora creativa global en los 103 años de la empresa. Su tarea va a ser cuidar que cada historia, en cualquier formato, respete el espíritu Disney. Estamos ante un rediseño del poder interno que mezcla experiencia física, narrativa y tecnología.
El contexto no es sencillo. El negocio tradicional de la televisión sigue perdiendo fuerza. El streaming compite en un mercado saturado. Plataformas como Netflix, YouTube y TikTok marcan hábitos nuevos, sobre todo entre adolescentes y jóvenes adultos. Disney necesita atraer a esas audiencias sin romper el vínculo con familias que llevan generaciones creciendo con sus personajes.
A esto se suma la llegada de la inteligencia artificial. Disney ya anunció un acuerdo con OpenAI para llevar personajes al entorno de Sora, una apuesta que abre debates sobre creatividad, derechos y empleo. El reto para D’Amaro va a ser equilibrar innovación, negocio y valores, en medio de un cambio cultural profundo.
La señal que manda Disney es clara. La empresa va a apostar por experiencias completas. Historias que no viven solo en una pantalla, sino que se recorren, se juegan y se comparten. La inversión en un universo conectado con Fortnite va en esa dirección. Parques que dialogan con videojuegos. Series que alimentan atracciones. Tecnología que amplía mundos conocidos.
D’Amaro llega con fama de gestor cercano y de entender cómo se construye emoción en el mundo físico. Walden va a cuidar el relato. Iger va a acompañar la transición. Disney entra así en una etapa donde la cultura digital se cruza con el viaje, el juego y la inteligencia artificial. No es un giro pequeño. Es una redefinición de lo que significa entretener en el siglo veintiuno.
Si miramos la historia, Disney siempre ha cambiado de piel cuando la cultura lo exigía. En los años treinta apostó por la animación sonora. En los cincuenta llevó sus historias a la televisión. En los noventa construyó imperios de franquicias. En la década pasada compró estudios para acumular propiedad intelectual. Ahora, el énfasis se mueve hacia la experiencia.
Los parques recibieron cerca de ciento cuarenta y cinco millones de visitantes en 2024. La flota de cruceros sigue creciendo. Hay un parque en construcción en Abu Dabi, el primero en Medio Oriente. Al mismo tiempo, Disney prepara servicios deportivos directos al…
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