De hecho, este bus dotado de sensores y cámaras, ciento por ciento eléctrico, y que entró en servicio el sábado en Málaga (España), es presentado como una primicia en Europa.

El vehículo esta diseñado para hacer una ruta que une el puerto con el centro de la ciudad andaluza. Un circuito de ocho kilómetros que efectúa seis días a la semana.

“El autobús sabe en cada momento dónde está, sabe en cada momento todo lo que tiene alrededor”, explicó a la AFP Rafael Durbán Carmona, director de la división sur de la sociedad Avanza, a la cabeza del consorcio público-privado responsable del proyecto.

El vehículo “puede interactuar con las infraestructuras, con los semáforos”, estos últimos equipados también con sensores que indican cuándo se ponen en rojo, señaló.

Tiene también un dispositivo de inteligencia artificial que le permite mejorar sus “decisiones” en función de los datos que recoge a lo largo del trayecto.

AFP
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Desarrollado por la compañía española Irizar, se parece a cualquier otro autobús: mide doce metros de largo y puede llevar a 60 pasajeros.

La legislación española no autoriza a que circule un vehículo sin conductor, por lo que un chofer ocupa el asiento habitual, pero sin tocar el volante o los pedales. Su tarea consiste en, excepcionalmente y de forma ligera, corregir la trayectoria, como por ejemplo al llegar a una rotonda.

En caso de un problema, el conductor puede tomar el control.

AFP
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Se ve bastante normal, incluso parece que lo lleva el chofer. Vengo con mi nieto y creo que todo [va] bien, con seguridad; que si no, no me subo”, declaró a la AFP una pasajera, Marta.

Este proyecto se beneficia de una financiación del gobierno español y de la colaboración de varias universidades.

Fuera de Europa, Singapur comenzó a finales de enero a probar la explotación comercial de autobuses autónomos, mientras que China hace ensayos con taxis autónomos en varias ciudades.

En Estados Unidos, Waymo (filial de Google) probará en San Francisco sus taxis robot sin conductor, en servicio en Arizona desde 2017.

Una automóvil autónomo Uber estuvo involucrado en un accidente mortal en marzo de 2018 en Estados Unidos.

Los principales obstáculos citados por los expertos para alcanzar la autonomía completa de los vehículos son las reglamentaciones y la aceptación por parte del público en general, dados los riesgos que pueden plantear en términos de seguridad y ciberseguridad.