Por: El Colombiano

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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 25, 2026 - 6:58 am
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Las calles de Barrio Nuevo, en el municipio de Bello, al norte del Valle de Aburrá, reflejan a la perfección la profunda crisis de infraestructura vial que vive esta localidad. En una sola cuadra de apenas 300 metros, en la que sólo cabe un vehículo, se pueden encontrar hasta 20 baches de diversos tamaños. Este panorama no es exclusivo de Barrio Nuevo; según una veeduría ciudadana citada por El Colombiano, existen al menos 376 huecos sin intervención en Bello, varios de ellos llevan más de dos años sin reparación y su deterioro se acrecienta con el paso del tiempo y la falta de atención efectiva.

Un recorrido realizado por el medio a diferentes sectores —Niquía, Pachelly, San Gabriel y la zona central— reveló el estado crítico de las vías. Durante dicho trayecto no sólo se constataron los daños visibles en la carpeta asfáltica, sino también los testimonios de quienes han padecido accidentes como consecuencia directa de estos huecos. Tal es el caso de Lizeth Pineda, residente y trabajadora de Barrio Nuevo. El 11 de enero, mientras conducía su motocicleta bajo la lluvia, cayó en uno de estos hoyos camuflados por el agua. El incidente le provocó lesiones físicas y daños materiales a su moto, un ejemplo claro del peligro constante que enfrentan peatones y conductores.

Esta grave situación ha llevado incluso a que los habitantes apoden al municipio como “Bellohuecos”, evocando una expresión usada hace más de una década en Itagüí cuando experimentaba un deterioro vial similar. La sensación generalizada entre los vecinos es que las intervenciones municipales han sido mínimas o nulas, permitiendo que el número de baches crezca y la incomodidad se intensifique. Un ejemplo lo proporciona una residente de la célebre “vía de los 20 huecos”, quien relata que, aunque han visto presencia de la administración local para otros asuntos, las reparaciones viales brillan por su ausencia.

Las calles en zonas como Villas de Comfenalco y Niquía presentan paisajes que más bien recuerdan caminos rurales, pese a encontrarse en pleno corazón urbano. La falta de inversión sostenida ha permitido que varias calzadas mezclen tramos apenas pavimentados con sectores prácticamente de tierra, dificultando no solo el tránsito sino la vida cotidiana de quienes dependen de estas rutas para trabajar, estudiar o circular con normalidad.

Frente a las crecientes denuncias, las autoridades locales, encabezadas por el secretario de Obras Públicas, Diego Díaz, han manifestado que se ejecuta un plan integral para intervenir la infraestructura vial. Según Díaz, este programa no se limita a tapar superficialmente los huecos, sino que busca renovar la capa asfáltica completa, pues la última intervención de gran envergadura data de 2008. Este abandono prolongado propició que el pavimento se fracturara a tal punto que muchos tramos alternan zonas transitables con verdaderos barrizales.

El municipio ha destinado para este año el mantenimiento de 8 kilómetros de vías, con la posibilidad de ampliar la cobertura según la recaudación obtenida vía la sobretasa a la gasolina. Como explicó Diana Pulgarín, subsecretaria de Infraestructura, el objetivo consiste en remover y renovar la estructura vial desde su base, con la meta de lograr mayor resistencia y durabilidad. Para ello, se contempla una inversión de 61.000 millones de pesos, priorizando los corredores con daños críticos y en una etapa posterior abordando vías secundarias, incluso aquellas que aún no han sido formalizadas ante el inventario municipal.

El pedido de las autoridades es claro: frente al rezago y los estragos causados por la falta de recursos y el impacto de la pandemia, solicitan paciencia a la ciudadanía, con la promesa de que Bello dejará atrás el estigma de “Bellohuecos” una vez finalicen las obras previstas.

¿Cómo afectó la pandemia el mantenimiento de la infraestructura vial en Bello?

La pandemia de COVID-19 tuvo consecuencias profundas en distintas áreas de la gestión pública, y la infraestructura vial no fue la excepción. En Bello, según lo indicado por funcionarios locales, la crisis sanitaria pospuso o limitó la realización de obras fundamentales, contribuyendo a que el pavimento se deteriorara más rápidamente. La inversión, ya escasa desde años previos, fue aún más limitada ante las prioridades emergentes que impuso la pandemia, lo que agravó el estado de las vías y postergó proyectos de mantenimiento esenciales.

Esta situación dejó un rezago que ahora representa un reto mayor para la administración municipal. La recuperación de la infraestructura requiere inversiones significativas y coordinación con los afectados. Las autoridades buscan ahora superar este rezago para devolver la seguridad y funcionalidad a las calles de Bello, aunque aún se pide paciencia mientras avanzan las intervenciones prometidas.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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