Inicialmente, Alvira buscaba escuchar las instrucciones que daba un coronel al grupo de uniformados, en la Plaza de Bolívar de Bogotá, pero cambió su objetivo cuando le resultó imposible entender lo que decía el oficial.

Alvira transmitía en directo en la emisión de la mañana de este miércoles, y lo hacía detrás de la formación de las unidades de la Fuerza Disponible, un grupo diferente al Esmad, aunque también usan cascos y armaduras, solo que de color verde.

Ese cuerpo de la Policía está especializado en apoyo para la seguridad de conciertos, espectáculos deportivos y eventos gubernamentales, y también está en capacidad de desplazarse a cualquier lugar de la ciudad donde haya manifestaciones y alteraciones del orden público. Por eso refuerza en los días de paro.

Entre las últimas de la formación de la Fuerza Disponible estaba una mujer, a quien Alvira se dirigió y llamó su atención tocándole el hombro izquierdo.

Ante el gesto del comunicador, una verdadera osadía periodística, pues las formaciones militares o policiales no pueden ser interrumpidas por nadie, ni siquiera por sus propios miembros, que deben esperar el permiso del oficial a cargo para poder incorporarse, la uniformada respondió volteándose, y con una sonrisa.

En voz baja, Alvira la saludó y entabló con ella esta conversación.

—Buenos días. ¿Cuál es su nombre? —le preguntó Alvira.

—Luz —respondió, con cortesía, la uniformada.

—¿Hace cuánto hace parte de esta fuerza?

—Hace cuatro años.

—¿Qué piensa de lo que pueda ocurrir hoy? —continuó Alvira y, de alguna manera, despojó del uniforme a la mujer policía, y ella dejó ver el ser humano que está cubierto por esa prenda.

—Pues tenemos la esperanza de que sea algo pacífico. De que la gente salga a marchar y no pase nada malo.

—¿Qué les dijo el coronel? —preguntó Alvira para retomar el objetivo por el que se había acercado a la formación, pero que había abandonado por no haber podido escuchar al oficial.

—Simplemente nos da instrucciones de seguridad y de cómo prestar una buena seguridad a los demás —respondió, tranquila, la policía.

—¿A qué punto tiene que dirigirse? ¿Cuál tiene que custodiar? —curioseó el periodista, aunque sin mucho éxito.

—Ahorita nos indican los puntos donde debemos prestar seguridad.

—¿Usted de qué parte del país es? —siguió Alvira, aprovechando la disposición de la uniformada, que prácticamente abandonó la formación para responderle, y que el oficial estaba ocupado con otros uniformados.

—Del Valle del Cauca.

—¿Qué quiere decirle a su familia que la está viendo?

—Que las extraño mucho —contestó la uniformada con una sonrisa mucho más amplia.

—¿Usted es madre?

—No. No tengo hijos.

—¿Soltera?

—Soy soltera

—¿Cuántos años tiene?

—25.

—¿Siente temor?

—Sí, claro. Siempre da angustia lo que pase, nuestra familia se preocupa mucho por nosotros.

—¿Habló ya con su familia hace poco? —continuó Alvira para seguir dibujando el retrato humano de la uniformada, pero en ese momento fue descubierto por alguien y conminado a apartarse de la formación.

—Sí —alcanzó a decir la policía antes de mirar a la persona que había llamado la atención de Alvira.

La entrevista terminó abruptamente, pero fue suficiente para que Alvira consiguiera mostrar que debajo de las duras corazas y entre las rígidas filas hay seres humanos.