Se trata de la forma más gráfica y elocuente que han encontrado los comunicadores para señalar el evidente cambio de discurso de Claudia López, específicamente en lo que ha dicho en relación con la presencia de miembros del Eln en los disturbios que ha soportado la capital en dos momentos diferentes este año.

Ese punto, precisamente, es uno de los que ha marcado un mayor distanciamiento de López con el gobierno del presidente Iván Duque. El otro ha sido el manejo de la pandemia del coronavirus. En ambas situaciones se ha dicho que, más que simples puntos de vista, lo que hay detrás son intereses políticos y hasta el propósito de llegar a la Casa de Nariño.

Los primeros en apelar a un personaje humorístico para señalar el discurso de López fueron Gustavo Gómez y Darcy Quinn, de Caracol Radio, que dijeron que la alcaldesa estaba hablando como la ‘Chimoltrufia’, del universo fantástico del ‘Chespirito’ de Roberto Gómez Bolaños, interpretada por la actriz Florinda Meza, una de cuyas frases más célebres era: “Así como digo una cosa, digo la otra”.

Para algunos, esto fue una falta de respeto con la alcaldesa. Pero también fue la manera que encontraron los dos periodistas de señalar la contradicción, pues si bien López aseguró que la afirmación del Gobierno Nacional de presencia de elementos del Eln en los disturbios que siguieron a la muerte de Javier Ordóñez era “para distraer la atención“, Gómez y Quinn desempolvaron un audio de febrero pasado en el que López admitió la posibilidad de presencia de miembros de esa guerrilla en unos disturbios en Bogotá en ese momento.

Con base en las mismas afirmaciones de López en un sentido y en otro, ahora es el periodista Felipe Zuleta el que la compara con un personaje humorístico, esta vez Cantinflas, inmortalizado por al actor mexicano Mario Moreno, que se hizo célebre, además de su bondad y humanidad, por decir mucho y no decir nada.

De hecho, el diccionario de la RAE recoge los términos ‘Cantinflas’, para la “persona que habla o actúa como Cantinflas, de manera disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia”, y ‘Cantinflesco’ y ‘Acantinflado’, para el que “habla a la manera disparatada e incongruente peculiar de Cantinflas”.

Zuleta se declara, en su columna de El Espectador, “realmente muy preocupado por la actitud de nuestra alcaldesa mayor”, que, según él, “ha dado palos de ciego como máxima autoridad administrativa y se ha contradicho en temas graves con tal de no asumir su responsabilidad como jefe de la Policía”, y ha actuado “más con una actitud cantinflesca que como una profesional doctorada”.

“Recordemos que en febrero, cuando hubo desmanes, ella acusó al Eln de estar infiltrado, pero esta semana puso en tela de juicio esa versión dada por el Gobierno. Como diría Cantinflas: ‘Ahí está el detalle. Que no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario’”, escribe Zuleta sobre López. “Los bandazos cantinflescos ideológicos de la alcaldesa López harán que, en algún momento, pierda el respeto de sus conciudadanos”.

Y, tal como lo hizo Quinn, Zuleta también le pasa una cuenta de cobro a López por el episodio de la silla vacía que fue marcada con el nombre del presidente Duque en un acto de perdón con las víctimas de los disturbios. “La jugadita que le hizo al presidente poniendo a las carreras un papelito en una silla con el nombre del primer mandatario, sabiendo que él no asistiría al acto ecuménico con los familiares de las víctimas, no ha sido suficientemente explicada. No me queda la menor duda de que fue un acto de mala fe hecho con premeditación”.

En un análisis que hace Semana sobre las tensiones entre López y Duque, esa publicación se refiere, sin apelar a ninguna comparación con personajes humorísticos, claro, al cambio de discurso de la alcaldesa sobre lo que sería su relación con el Jefe de Estado.

“Sobre cómo sería el día a día, teniendo en cuenta las controversias del pasado y que pertenecen a orillas ideológicas distintas, Claudia prometió que ‘no había nada de que preocuparse’ e insistió en que tendría una ‘relación amable, respetuosa e institucional’”, recuerda la revista, y después asegura: “Hoy, nueve meses después de su llegada al Palacio Liévano, las palabras que pronunció la entonces alcaldesa electa parecen haber volado con el viento”.

El recurso retórico, válido, de comparar a personajes reales con ficticios para hacer más evidentes sus supuestas falencias parece estar poniéndose de moda. Abelardo de la Espriella, por ejemplo, en su columna de El Heraldo, compara al exfiscal Eduardo Montealegre y a su exvicefiscal Jorge Perdomo con Batman y Robin, aunque De la Espriella, en su particular estilo, usa la comparación para denigrar de los exfuncionarios, al llamarlos “par de enanos morales”, “personas abyectas y ruines”, “sicarios morales”, por declararse como víctimas en el proceso contra Álvaro Uribe.

Y del enardecimiento con que escribe De la Espriella tampoco se salva la alcaldesa de Bogotá, a quien ‘atiende’ en la primera ñapa de su columna, pero de manera directa y sin compararla con ningún personaje: “Presidente Duque, mande de una buena vez a Claudia López al carajo. Usted puede ayudar a Bogotá sin tener que lidiar con las tropelías, la ramplonería, la ordinariez y la mala fe de esa señora”.