Este rotativo capitalino es el único que tiene en cuenta los violentos disturbios que se presentaron en la noche de este miércoles en Bogotá después de que el abogado Javier Ordóñez muriera, al parecer, como consecuencia del trato que recibió por parte de dos uniformados que utilizaron una pistola ‘taser’ para reducirlo.

Si bien este medio califica de “cruel” e “inhumana” la actitud de los dos policías, subraya que “no puede quedar impune” y pide que la justicia actúe contra los responsables “de este abuso de manera eficaz y ejemplarizante”, también tacha de “condenable” el hecho de que las protestas se tornaran violentas (el saldo este lunes en la madrugada era de al menos cinco muertos, lo mismo que varios CAI destruidos), y advierte que no hay “nada más equivocado que responder a la violencia con más violencia”.

En ese sentido, el periódico recoge el sentir de la familia de Ordóñez, que señaló de “oportunistas” que “no respetan” a los vándalos y protestantes que desataron los desmanes que afectaron a la ciudad, y de la misma alcaldesa Claudia López, que este miércoles, ante los graves hechos, dijo que “la desgracia de Colombia ha sido tratar de solucionar violencia con violencia”, y este jueves en la madrugada advirtió que “destruir a Bogotá no arreglará la Policía”.

A esa institución armada, El Tiempo le dirige estas preguntas: “¿Qué está fallando en el proceso de incorporación y formación? ¿La reiteración de agresiones es señal de que el control interno no está siendo lo suficientemente severo, autónomo y riguroso? ¿Qué factores internos, si los hay, alimentan y estimulan el recurrir a la agresión brutal?”.

Gustavo Gómez, de Caracol Radio, pidió a los ciudadanos calma y mesura. “No destruyamos lo que es de todos. No pongamos en riesgo la vida de tanta gente. Contundencia sí, carácter sí, para exigir resultados”, dijo Gómez en su nota editorial. “Pero con apego a la civilidad, a la ley, a la Constitución, pero sobre todo al comportamiento racional. De esas hordas destructoras no quedan sino cenizas. Cenizas de las cosas, pero sobre todo cenizas de los principios”.

El Espectador no repara en los disturbios, sino que lamenta tres hechos básicos: que “la alcaldesa de la capital se declara impotente ante una Policía”, que esa institución “no quiera reformarse” y que las autoridades se den golpes de pecho e insistan con “el ya gastado discurso de que este es ‘un tema que toca mirar a nivel individual’”, como dijo el general Gustavo Moreno, subdirector de la Policía, en entrevista con Vanessa de la Torre, de Noticias Caracol.

Y este periódico también hace sus preguntas sobre el abuso de autoridad: “¿Qué está ocurriendo cuando quienes ejercen el poder no están siendo grabados? ¿Por qué, pese a los casos que ocurren y ocurren y vuelven a ocurrir, no hay reformas estructurales que funcionen? ¿Cómo le piden a la ciudadanía que confíe en una institución irreflexiva, a menudo arrogante y que al ofrecer disculpas se siente cómoda invocando sus estrategias pedagógicas que no están funcionando?”.

De los graves disturbios en Bogotá tampoco se ocupan medios regionales como El Heraldo, de Barranquilla, ni El País, de Cali, que dedican sus editoriales a la desafortunada muerte de Ordóñez, pero enfocan sus observaciones a la Policía.

“Si la Policía no entona un mea culpa y asume una reestructuración profunda, seguirá distanciándose cada vez más de la ciudadanía que empieza a percibirla como una entidad amenazante, dañina, corrupta, y en el peor de los casos como un enemigo”, dice el diario barranquillero, y pide justicia para otras personas que han muerto en procedimientos policiales como Dilan Cruz, Anderson Arboleda y Javier Ordóñez.

El periódico caleño, por su parte, sostiene que “así como debe apoyarse y aplaudirse el permanente y denodado esfuerzo” de la Policía para ofrecer seguridad a los colombianos y perseguir el delito, “hoy debe rechazarse con firmeza el abuso del que fue víctima un ciudadano en Bogotá. Nada puede justificar que la Fuerza facultada por la ley para ejercer la autoridad y mantener el orden se use sin tener conciencia del daño que se puede causar”.

Tan graves como la muerte de Ordóñez son los desmanes que se desataron en la capital, y aunque estos no merecieron la atención de algunos editorialistas, es claro que no son un hecho menor y también deben ser objeto del análisis y los comentarios de quienes orientan a diario a la opinión pública.