Brieva alude en su columna del diario barranquillero a Ángela María Robledo, María Mercedes Maldonado y María José Pizarro, lo mismo que a “otras activistas” de la Colombia Humana, cuya “rebelión” se fundamenta en que “una agrupación política que condena por principios y estatutos la violencia contra la mujer no puede llevar a Hollman Morris de candidato a la alcaldía de Bogotá”.

Esas insubordinaciones “han desnudado la resistencia a un estilo de liderazgo que maltrata el respeto, el diálogo y la concertación”, asegura Brieva, y advierte también que si Petro quiere construir un partido democrático y moderno “tendría que demostrarlo bajándose del Olimpo (también de las tarimas) y metiéndole planeación, gerencia, recursos (y calidez humana) a esa tarea”.

Pero tal vez una de las anotaciones centrales de su columna es la de que si Petro “cree que puede prescindir de la construcción grupal de la política y las decisiones, terminará enterrando a la Colombia Humana”. Brieva considera que después de su votación en las presidenciales, “Petro fortaleció la convicción de que es el caudillo que cambiará la historia de Colombia. Y, a falta de un partido organizado que tome con él las decisiones en instancias colegiadas, traza orientaciones y lanza opiniones —generalmente por Twitter— que solo consultan sus visiones e intereses”.

Brieva le critica a Petro que en la actual coyuntura electoral no se haya dedicado, “con paciencia y espíritu de partido”, a preparar la participación de su fuerza política. “El acompañamiento a Morris fue una determinación a última hora. Antes había preferido sugerir a Alejandro Gaviria, así como otros nombres a distintas alcaldías. En Barranquilla, convidó a Alfredo Varela a postularse; después a Cecilia López Montaño”.

Y lo tacha de “irrespetuoso” por afirmar que su hijo tuvo que ser candidato a la Gobernación del Atlántico porque, según Petro, “en los grupos alternativos no hubo líderes y lideresas para competirles a los Char”.

Para terminar el perfil que hace de Petro, el columnista trae a colación lo que han dicho de él personas que lo acompañaron en el pasado, estropeadas por sus “prácticas dictatoriales”, como Carlos Vicente de Roux (“Petro no es un demócrata, en sus escenarios mentales solo cabe un líder grandioso y unas masas o multitudes a las que conducirá a la tierra prometida”) y Daniel García-Peña (“Un déspota de izquierda, por ser de izquierda, no deja de ser déspota”).

Pero Brieva no es el único columnista que se ocupa este miércoles de Petro. En El Tiempo, Florence Thomas, aunque dice que no escribe contra el exalcalde de Bogotá, advierte que él “verá si se siente aludido” con su columna, porque la dedica a criticar la actitud de las izquierdas frente al feminismo, “que podríamos nombrar también como las izquierdas y su extraña mirada de recelo sobre los movimientos feministas. No lo logran; hacen algunos esfuerzos, pero no lo logran”.

“¿Qué dice la Colombia Humana cuando se olvida de que el feminismo es quizás uno de los últimos humanismos que nos queda en este pobre mundo?”, se pregunta Thomas. “Mis lectores y lectoras sabrán a qué hecho me refiero en estos días”, agrega, seguramente aludiendo también al caso del respaldo de Petro a Morris. “Triste, muy triste constatar que izquierda y derecha se asemejan cuando se habla de feminismo”.